Duelo de muerte, John Donne

[Death’s Duel]. Ultimo sermón y casi oración fúnebre sobre sí mismo, recitado ante la Corte del Rey de Inglaterra el deán de San Pablo de Londres, y publi­cado póstumo en 1632. Por dicha compo­sición Donne fue llamado por Praz «típico representante de un aspecto del siglo XVII: lo macabro majestuoso». Por última vez se halla aquí Donne en lucha con la Muerte que había sido su inspiradora en Biathanatos (v.) y en los Sonetos Sacros (v.): y este último duelo es el más encarnizado. Sólo su fuerte voluntad dio a un cuerpo extenuado el poder de pronunciar su comentario al texto escogido por él con premoniciones de profeta: «A Dios pertenecen las entradas de la muerte», reduciendo al auditorio «a extremos de mortal agonía» con sus me­ditaciones sobre el indecible horror de la tumba — él mismo ya «larva agitada que chilla…; fuego encendido que chisporrotea fuera de sus cenizas» — y sobre la inefable gloria del cielo.

El Duelo de Muerte es una exhibición del triunfo universal y final del gusano sobre el hombre. «Todos nos­otros hemos de pasar por esta muerte des­pués de la muerte, por esa disolución después de la disolución, por esta muerte de co­rrupción y putrefacción, podredumbre e in­cineración…: ¡Oh Corrupción, eres mi pa­dre; oh Gusano, eres mi madre y mi her­mana!».

Y aquí lo macabro predomina sobre lo horrendo y terrible: «Cuando mi boca quede llena de polvo y el gusano se nutra tranquilamente de mí, cuando el ambicioso no experimente el menor disgusto porque el más pobre de los vivos se le arrastre por encima, ni el pobre la menor satisfacción al ser igualado al Príncipe, igual sólo en el polvo… he aquí cuáles serán las alfombras extendidas bajo el dosel y el baldaquín suspendidos encima incluso del más grande de los hijos de los hombres: el gusano los cubre y está extendido bajo ellos…». Extra­ña y teatral preparación de Donne a la muerte. No es «nuestra hermana la muerte corporal» de San Francisco, ni la «muerte que quedó absorta con la victoria» de San Pablo; sino una escultura del Barroco más intenso, pomposa y victoriosa, hórrida y macabra.

G. Pioli