[La Débácle]. Obra de Émile Zola (1840-1902), publicada en París en 1892. Forma parte del ciclo de los Rougon-Macquart (v.) y está colocada entre el Dinero [L’Argent] y el Doctor Pascal (v.).
En la campaña franco prusiana de 1870 se encuentran juntos un soldado, Mauricio Levasseur, y un cabo, Juan Macquart. Típico hijo de la burguesía, Mauricio no puede sufrir la disciplina militar y siente antipatía por Juan que, como buen aldeano, se muestra sumiso al deber, comprende la necesidad de una sana moral y no niega a nadie su ayuda. La acción se desarrolla en los días confusos de la campaña que lleva a Sedán y a la derrota de Francia; pero, con la ruina del régimen imperial, quedan a salvo las virtudes tenaces y heroicas del pueblo que personifica Juan. En un agravamiento cada vez más decisivo de sucesos se perfila inexorable la derrota; no sirve el heroísmo de algunos fieles soldados — entre los cuales es estupenda la figura de un coronel — para salvar la situación. Todo cae en ruinas. Mauricio, entre tanta dispersión de energías y esperanzas, siente ya aprecio por Juan, cuyo ejemplo le anima a luchar; llega incluso a salvarle en el campo de batalla, y el amigo le mostrará su reconocimiento arrancándole de la muerte durante un combate. Ambos compañeros consiguen salvarse de caer prisioneros; Juan es curado por Enriqueta, hermana de Mauricio, la cual ha sido duramente probada durante la guerra con la muerte de su marido, que ha querido combatir animosamente a los invasores, aunque fuese burgués.
Entretanto, nuevos hechos, atroces por el odio y la violencia, se producen en el país en torno a Sedán, y muestran los horrores de la guerra y la terrible situación en que se encuentra Francia, generosa y heroica, pero mal gobernada y llevada a la ruina por un emperador megalómano. Todo se hunde ante el enemigo, que avanza con meticulosa frialdad. Después de la derrota del ejército, se produce en París la guerra civil, mientras nuevas pasiones agitan los corazones. Mauricio busca en París acomodo, en medio de luchas políticas y fermentos revolucionarios, mientras Juan, como aldeano, permanece fiel a sus principios. Ligado a la tierra, no quiere aventuras, sino la fatiga diaria para construir, piedra a piedra, su casa. En París, como un símbolo fatal que personifica el desgarro de la nación, Mauricio, en las barricadas, es muerto precisamente por Juan, que milita por el orden y las leyes. Así se cumple el sacrificio de la nación: los hermanos matan a los hermanos para fundar una nueva sociedad, más pura que la del pasado, y alcanzar con el trabajo y la fe la seguridad del mañana. También Juan, duramente probado en sus afectos, se limitará a cumplir su deber para el bien común. La obra, construida con cierto rebuscamiento en sus motivos ideológicos, tiene páginas bastante vigorosas en la representación de la guerra y en la visión inmediata de los odios y discrepancias que agitan a los ciudadanos franceses, por lo que resulta una de las más sobresalientes de todo el ciclo. [Trad. anónima (Madrid, s. a., y Barcelona, s. a.)].
C. Cordié
Zola ha creado, siguiendo las huellas de –Flaubert, el materialismo épico. (Thibaudet)

