La Bien Amada, Thomas Hardy

[The well-beloved]. Novela del escritor inglés Thomas Hardy (1840-1928), publicada en 1897 y extraída de una narración del mismo autor escrita para una revista en 1892. Esta novela se ha considerado como una sátira contra la pe­culiaridad temperamental del «artista». En efecto, el héroe, el escultor Jodelyn Pierston, se siente enamorado de un ser invisi­ble, «la Bien Amada», fantástica criatura a quien adorna de cuantas cualidades ansia su alma de hombre culto y refinado. Éste su ideal femenino encarna sucesivamente en numerosas mujeres pero sólo fugazmente, y el desdichado Pierston se ve condenado a correr la suerte de un ser inconstante por fidelidad al modelo que se ha forjado. De este modo llega a romper sus relaciones con la bella Avice Caro, quien, no obstante, posee «una cualidad ausente en todas sus rivales»: pertenecer a su misma raza, ser también originaria de la isla salvaje donde ha nacido el escultor. Pero carece de la cultura que aprecia en la orgullosa Marcia o en Nochola.

Así, pasan los años sin que «la Bien Amada» encuentre alojamiento du­radero. Al cumplir los cuarenta años, la muerte de Avice revoluciona su ánimo. Parte, se tropieza con su antigua prometida reencarnada en su hija Anne Avice y «el pasado rebrota en el presente». Pero no puede desposarse con ella, porque Anne ya está casada, amén de que la muchacha es bastante voluble. Al alcanzar los seis lus­tros, Pierston vuelve a ver reencarnada a Avice ahora en su nieta, o sea en la hija de Anne. A pesar de la diferencia de edad, ésta acepta casarse con el escultor para, al final, huir antes de la boda, como él había hecho con su abuela. Al final de su vida, Pierston comprende la inutilidad de esta búsqueda de la belleza: «la maldición se esfuma… y muere en él todo sentido artís­tico». A partir de aquí, consagrará su acti­vidad a la modernización de su aldea. Ésta es la última novela de Hardy presidida, como- sus mejores obras, por las ideas de la fatalidad y del pesimismo, si bien aquí el talento de Hardy no se manifiesta de modo tan palmario como en otras obras suyas, donde un fuerte dramatismo evidencia sus dotes de escritor. [Trad. española de Fe­derico Climent (Madrid, 1921)].