La Batalla de Marignan, Clément Jannequin

[La bataille de Marignan]. Canción musical a cua­tro voces de Clément Jannequin (si­glo XVI), compuesta en 1515 en ocasión de la victoria de Francisco I en Marignan y pu­blicada en 1528 con el título La Guerre en una recopilación del editor Attaignat, que comprende en total cinco chansons del mismo autor. El título Bataille de Marignan apareció poco tiempo después en una transcripción para laúd y así quedó. (Fue lla­mada también La Bataille française, La Défaite des Suisses y, también, sencillamente, La Bataille). La más importante edición mo­derna de la pieza (y de toda la susodicha colección) es la de Henry Expert en Les maitres musiciens de la Renaissance française (1898). Pertenece a esa clase de mú­sica descriptiva que estuvo de moda en Francia en el siglo XVI y cuyos temas favo­ritos fueron, además de la batalla, la caza y el canto de los pájaros. Los orígenes de este género remontan a algunos siglos antes; es más, la caza alcanzó su apogeo en el si­glo XIV. Las «batallas» musicales más anti­guas son una, vocal, sobre texto italiano, conservada en un códice parisiense, otra, instrumental, en un códice lipsiense, am­bas del siglo XV. La de Jannequin, la más famosa y representativa, más que nada es una imitación vocal de una charanga mili­tar; es una lucha de armas observada como espectáculo divertido, una batalla más fingida que real. Musicalmente se compone de dos partes estrictamente relacionadas: la primera empieza con un exordio solemne que anuncia la batalla, al que sigue la imi­tación de los toques de trompeta y los re­dobles de los tambores y de las primeras escaramuzas; la segunda describe el fragor de la batalla, donde el estruendo de las armas se mezcla con los clarinazos y con los gritos de guerra y, al final, de victoria; abundan en esta parte las sílabas imitativas, como «Fan frerelele lan fan fan, fan feyne, fan» etc., usadas y abusadas en ciertas for­mas de música profana de los siglos XV y XVI.

Varios motivos melódicos probable­mente se inspiran en cantos populares o en música militar del tiempo, lo que responde a la costumbre de elaborar cantos conoci­dos; pero aquí la elaboración polifónica es más aparente que real; la armonía se fija largamente en los mismos acordes, de tónica dominante, con cuya alternancia contras­ta, en el ritmo, la que hay entre medidas binarias y ternarias. El efecto exterior es muy brillante, pero al fin y al cabo se trata de una broma conseguida, en la cual no se vislumbra la menor intención dramática. Sin embargo, la Batalla tuvo en su época mucho éxito, documentado por las numero­sas transcripciones e imitaciones vocales e instrumentales. Bastaría mencionar aquí las transcripciones para laúd de Francesco de Milán y de Marcantonio Pifaro, la Battaglia italiana para voces de Mathias Hermann, hábil imitación, y las instrumentales de Anibale Padovano y Andrea Gabrieli, fas­tuosas paráfrasis para imponentes grupos de instrumentos de viento. El madrigalista Philippe Verdelot añadió a la Batalla jannequiniana una quinta parte vocal, que gustó al mismo autor.

F. Fano