La Ascensión de Silas Lapham, William Dean Howells

[The Rise of Silas Lapham]. Novela del es­critor norteamericano William Dean Howells (1837-1920), publicada en 1884. El co­ronel Lapham, como nos enteramos por una entrevista concedida por él a un re­presentante de la prensa al principio de la novela, es un próspero industrial originario del Estado de Vermont, transplantado a la aristocrática Boston. Allí ha continuado vi­viendo con toda la sencillez de su pueblo de origen, sólo dedicado al trabajo y a la familia. Pero el conocimiento hecho por su mujer, durante un verano, de una familia aristocrática de Boston, los Corey, crea para él y para los suyos nuevas exigencias, es­pecialmente cuando Tom Corey, que se ha enamorado de su hija mayor, entra en su despacho y le propone convertirse en socio de su industria y asumir por su cuenta y riesgo la representación en México.

Silas Lapham siente entonces la necesidad de llevar una vida más elegante; se hace cons­truir una casa en el barrio aristocrático de Boston, Back Bay. Pero de repente la for­tuna que le había sido siempre favorable le vuelve la espalda: la soberbia casa nue­va, símbolo de sus nuevas aspiraciones y ambiciones, queda completamente destruida por un incendio y su industria de pinturas, incapaz de aguantar la competencia de las nuevas fábricas, rueda hacia la quiebra sin remedio, porque la honradez de Lapham no le permite recurrir a las soluciones poco honradas que le sugieren. También las re­laciones entre Tom Corey y Penélope Lap­ham sufren una crisis, porque toda la fa­milia de la muchacha estaba persuadida que las atenciones del joven se dirigían a la hija menor, Irene, y cuando éste se declara a la mayor, Penélope, se produce una cons­ternación general. El desenlace de esta crisis constituye el elemento más original de la novela y ofrece casi una parodia de las novelas ultrasentimentales que estaban entonces de moda, personificadas en Tears, Idle Tears, novela discutida durante la co­mida en casa Corey y condenada por el P. Sewel como inmoral, por exaltar sacri­ficios que equivalen a verdaderos suicidios. Por eso cuando Lapham se dirige a él en demanda de consejo, ese piadoso ministro, que recuerda al P. Waters del Veranillo de San Martín (v.) le sugiere la única solución racional, que es también la sostenida por la misma Mrs. Lapham, es decir: que es pre­ferible sacrificar una persona que tres. Así Tom Corey puede casarse al fin con Pené­lope a quien ama y que al principio la ha­bía rechazado por un falso sentido de con­sideración hacia su hermana, que se ilu­sionó creyéndose preferida. Con mucha fi­nura intuitiva se describen los sentimien­tos de Penélope, especialmente después de la declaración de Tom ante el asombro ge­neral de la familia.

«¡No habéis pensado nunca en mí!, exclamó la muchacha con una amargura que penetró en el corazón de su madre. ¡Como si no existiese! ¡Como si no tuviese sentimientos, también yo! ¡Nadie se ha preocupado por mí! Y el cú­mulo de desesperación, de triunfo, de re­mordimiento y de resentimiento que le lle­naba el alma trató de buscar expresión en las palabras». La sabia estructura de la in­triga, el estudio cuidadoso de cada detalle, que hábilmente se muestra o se mantiene oculto, según las exigencias generales de la trama, y el interés mantenido siempre vivo con diversos procedimientos, especial-? mente mediante elementos dejados volun­tariamente oscuros para que se aclaren en el momento propicio, como la identidad de la mecanógrafa y el envío del periódico a Irene Lapham, hacen de esta novela la obra maestra indudable del autor. También es notable la caricatura de las veleidades aristocráticas de la sociedad de Boston, que vuelve a encontrarse en varias novelas de Howells y especialmente en Un encuentro casual (v.) pero que tiene aquí su máximo desarrollo.

B. Cellini