[El juego de las (malas) artes]. Poema didáctico indio de Ksemendra (siglo XI), en diez partes, sobre las artes («kala») y astucias de los hombres.
El mercader Hiranyagupta lleva a su hijo Candragupta a un famoso maestro de todas las picardías, Mūladeva, y le ruega que se haga cargo de la instrucción de su hijo. Mūladeva consiente, toma al hijo en su casa y le instruye en todas las artes, las astucias y las estafas. Las doctrinas de Mūladeva forman el contenido del poema. En el centro de todas las estafas y embrollos está la hipocresía. Son descritos con particular verismo los hipócritas religiosos, y por fin se cuenta un mito de la creación de Dambha (espíritu de la hipocresía), presentado como un gran asceta que está murmurando unas plegarias con el rosario en la mano. Tiene hasta tal punto la apariencia de un santo, que los siete Rishi le demuestran la más profunda veneración, y el mismo creador Brahma lo alaba por su extraordinaria penitencia, pero él ruega al dios que hable despacio y que se tape la boca con la mano, para no ser manchado por su aliento impuro.
Dambha ha llegado a la tierra y se ha dividido de mil maneras entre todos los seres. Ha establecido su morada en la boca y en el rostro de los altos funcionarios, y también ha penetrado en el corazón de los ascetas, astrólogos, médicos, criados, etc.; ha penetrado hasta en los pájaros, por ejemplo entre las garzas reales que están en la orilla de los ríos como unas penitentes; ha llegado a los árboles, que, cubiertos de corteza, parecen unos ascetas. En la VII parte, el poeta ataca duramente a los cantores y bardos ambulantes, descritos como unos gitanos, vagabundos que sacan a los ricos su dinero y que nunca poseen nada, ya que lo que ganan por la mañana con su canto lo gastan por la tarde en el juego. Los joyeros son satirizados en la VIII parte como ladrones de metales y engañadores. En la IX nos describe un grupo modelo de estafadores. Entre ellos el médico, que mata a miles de hombres con sus curas, empleando todas las hierbas posibles para hacer alarde de su doctrina. Vemos al astrólogo que simula meditar sobre los planetas, con el rostro trastornado, para caer en gracia a los poderosos, y no sabe que mientras tanto su mujer está con sus amantes. También es descrito el fabricante de elixires, cuyo cráneo calvo parece una cacerola de cobre, que sin embargo, logra sacar dinero a los calvos haciéndoles creer que les devolverá sus cabelleras.
Ksemendra es un escritor pedante, aunque con gran experiencia de la vida, agudo observador, pintor no vulgar de ambientes y de costumbres y, por lo tanto, de mucho interés para el conocimiento de su época. La obra fue publicada en la colección Kāvyamālā (I. 34 y siguientes), traducida al alemán por R. Schmidt (Eisleben y Viena, 1914).
A. M. Pizzagalli

