[Uomini, bestie, paesi]. Colección de bocetos de Fernando Paolieri (1878 – 1928), publicada como obra póstuma en 1936. El mundo lugareño de los Cuentos toscanos (v.) vuelve en estas prosas agudas que saben provocar con elementos comunes y sencillos la carcajada bondadosa y humana. Tipos de obreros y campesinos, pequeños burgueses, gente bondadosa y por lo general dibujada con espontaneidad por un espíritu lleno de sencillez y bondad, inclinado a captar el aspecto jocundo de la vida, aunque en sus contrastes aparece de cuando en cuando la sonrisa amarga sugerida por una mayor experiencia. Entre las veintiséis narraciones inéditas, cuatro son las más significativas.
En «El célebre tenor», el autor recibe la visita de un individuo que, alabándose de su trato con los más grandes artistas líricos, y con los directores de orquesta, declara querer dar un concierto aquella misma noche en la Impruneta. Después de haber conseguido sonsacar dinero al escritor, aquel tipo se marcha. En el «Ojo de Martín», un jugador desgraciado, sumido en la miseria, se ve obligado a partir para América; cuando, al cabo de veinticinco años, vuelve a su pueblo, todos piensan que es rico, y como Martín va a menudo a visitar al notario, amigos y parientes piensan que ha hecho testamento y esperan heredarlo: pero después de la muerte de Martín, abierto el sobre de su testamento, no encuentran allí nada, y entonces se descubre que Martín iba a casa del notario exclusivamente para la acostumbrada partida de cartas. En la «Caza de becadas» el autor se deja guiar por un sujeto que se alaba de ser conocedor de toda clase de vericuetos en el bosque; los hombres acaban extraviándose y con el estómago vacío; la narración da pretexto a la descripción de los lugares y ambientes predilectos de Paolieri. En los «Carboneros del murallón» el autor compara la laboriosa vida de los carboneros de antaño, que guiaban docenas de borricos por entre terribles desfiladeros, en las peores noches, con el trabajo de hoy, facilitado por los medios modernos de transporte.
Los demás bocetos de interés y trama variados se basan en general, sobre pinturas de la vida campestre y una vez más dan justa idea del talento de este autor toscano, que se halla dentro de la tradición que va de Fucini a Sanminiatelli.
C. Cordié
La pincelada franca y amplia, que es una de las cualidades del estilo de Paolieri, se toma a veces una ráfaga lírica que pasa, agitándola, sobre la descripción. Pocos sienten la vida vegetal y animal como la siente y reproduce aquel diestro toscano. El hombre, en sus narraciones, se mueve siempre en un paisaje que no es menos importante que él, y a menudo se afana entre animales, me atrevería a decir, más vivos que él; de ahí una comunidad y un intercambio de sensaciones, con bellísimos efectos, que trasciende de la narración a la estrofa, concentradora lírica del espíritu de la propia invención épica de las líneas capitales de la figuración exterior. (Mazzoni)

