Hécuba, Eurípides

En las cos­tas del Quersoneso tracio, donde los aqueos han acam­pado tras la destrucción de Troya a la espera de vientos propicios, Hécuba, cautiva de Agamenón, presagia nue­vas desventuras. Poco después le arrebatan, en efecto, a su hija Polixena, para sacrificarla sobre la tumba de Aquiles; de nada valen las súplicas de Hécuba a Ulises: el sacrificio tiene lugar y Polixena acepta con orgullosa y serena firmeza la muerte.

Poco después el mar devuel­ve los restos de otro joven hijo de Hécuba, Polidoro, al que sus padres enviaron durante la guerra de Troya jun­to al rey de Tracia Polinéstor (con el fin de liberarlo de los peligros de la ciudad asediada) y que ha sido asesina­do por el propio monarca tracio. El dolor desgarrador de Hécuba por la muerte de Polixena se trueca ahora en feroz deseo de venganza: conseguida la cómplice neutra­lidad de Agamenón, atrae a Polinéstor con sus pequeños hijos a su tienda y allí, con ayuda de las mujeres troyanas, lo ciega y da muerte a sus hijos.

La tragedia con­cluye con la profecía de Polinéstor, el cual vaticina la muerte de Agamenón y de Casandra (otra hija de Hécu­ba) a manos de Clitemnestra.