Ópera en dos actos de Emmanuel Chabrier (1841-1894), según el poema de Catulle Mendés, estrenada en Bruselas en 1886. El argumento procede de la antigua historia de Inglaterra y tiene por escenario las guerras entre los sajones y los daneses. Gwendoline es la hija de un jefe sajón, quien la casa con Harald, el hcroe danés, al objeto de matarle mientras duerme. Ella, en cambio, se apiada y se enamora de él. Los sajones dan muerte a Harald y Gwendoline muere con él. D’Indy juzgaba los libretos de este género con una sentencia capital: «estilo hebraico», es decir, estilo a lo Meyerbeer y de «grand opé- ra». Autor de la «suite» España (v.), con la que se inició el iberismo francés, y de una serie de pequeñas óperas con las cuales se inaugura al mismo tiempo el género ligero de gran categoría y la «armonía colo- rística», es decir, el impresionismo no de-bussiano, Chabrier, pese a estar empapado de wagnerismo y a ser un músico instintivo, escribió una ópera wagneriana a su manera: conservando el sistema de los «motivos conductores», aunque haciendo los mismos muy personales, y acompañándolos con un excelente recitativo, cuyo fondo armónico está lleno de sorpresas y de color. Por lo tanto, «grand opéra» de un wagne- riano con genio y no solamente «enterado», sino precursor del impresionismo. Un producto, como se ve, muy complejo, aunque original y lleno de interés.
E. M. Dufflocq

