FLORES CANSADAS

El drama de una vida, un trabscurrir por la vida en soledad.

Al volver por la calle de las panaderas, empecé a sentir como una especie de escalofrió que me recorrió el cuerpo, una sensación que jamás la había sentido. El medico me había recomendado tranquilidad, pero en aquel estado de verborrea virulenta que llevaba mi amigo desde hacía varios meses, me hacía sentir cada vez peor.

Cada vez que quedaba con él era lo mismo, la misma historia, las mismas retórica pesada y aburrida de siempre. Había decidido desaparecer de su vida y que el desapareciera de la mía.

Empezaba a verme como un mercenario, que siente una especie de melodía fúnebre en la cabeza, tras haber pasado bastantes años de su vida segando la vida de personas que ni tan siquiera había conocido. Cuando llegué al porche solo pude apoyarme en la baranda del jardín y contemplar unas flores que hacía varios meses había plantado, y que simplemente con el azul del cielo, la poca agua que caía últimamente y mi cariño habían brotado con fuerza, con esa fuerza que yo no sentía dentro de mí. Con esa energía que se estaba desvaneciendo poco a poco.

Aquella tarde había decido desprenderme del arríate, estaba desilusionada, cansada, y con ganas de morir, que vano, que difícil es decir esto, ¿verdad?, pues yo, ya con setenta años, estaba terriblemente cansada de todo lo que había sentido, oído, visto, y pasado en mis propias carnes.

Aquel arríate apartado de la casa lo único que hacía era recordarme la ilusión que en su momento puse en hacer algo diferente, pero que aquel licurgo, jamás vio, jamás entendió mi pasión, mi amor, mis sentimientos. Pasados los años éramos como dos estatuas, como dos pedazos de mármoles, esperando que llegue el artista para pulirnos y realizar una obra maestra, esculpir poco a poco toda la piedra sobrante. Y dejar solamente la parte de la piedra que brilla, la estatua que quedará inmortalizada para el resto de los siglos.

Tenía ganas de sentarme en mi sillón y hacer como las estatuas, quedarme para siempre en ese estado de sueño y poco a poco desaparecer. En aquel momento apareció, no podía ser era ella, la flor de mi vida, la parte de mi que un día se fue para siempre, la vi, la toque y cogiendo de mi mano me alzó hacía ese paraíso que estaba esperando hacía tiempo.

 

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