Filoctetes o El Tratado de las tres Morales, André Gide

[Philoctéte ou Le traité des trois morales]. Escrito por André Gide (1869-1951) y publicado en 1899 junto con otro «trata­do»: El Hadj (v.). Es una narración dialo­gada que trata, en cinco actos brevísimos, el tema de la tragedia de Sófocles. Ulises (v.), después de una peligrosa navegación, desembarca con el joven Neoptólemo (el hijo de Aquiles, v., muerto poco antes junto a los muros de Troya) en una isla desierta y le explica la verdadera finalidad del via­je. En ella se encuentra el nobilísimo héroe Filoctetes (v.), que, afectado por horribles llagas, había sido abandonado por la flota griega durante el viaje hacia Troya. Desde entonces ha vivido solo, con su dolor y con la única ayuda de su célebre arco; pero ahora es indispensable para la victoria de los griegos esta arma fatal: Ulises se dis­pone, pues, a engañar a Filoctetes de la manera más indigna, e intenta valerse de la compañía de su joven e inocente compa­ñero para lograr su propósito. Neoptólemo vacila, horrorizado, y piensa que más tarde avisará a Filoctetes de la traición. Pero éste, aunque empieza indignándose y resistiendo, acaba luego por consentir y dejarse arreba­tar el arma preciosa.

La fábula no es más que el pretexto para una serie de dramáti­cos debates entre los cuales resaltan, sumariamente dibujadas, las «tres morales». Ulises explica a Neoptólemo que no hay atro­cidad que no sea lícito llevar a cabo por la patria, y que los mismos dioses no son más que los dioses de Grecia; Filoctetes, por el contrario, enseña al joven (que se dirige a él desconcertado) que existe cierta idea divina de justicia, superior a cualquier otra razón: sólidamente protegido por esta doctrina, se siente tentado de impedir que Ulises le despoje; pero pronto reflexiona sobre ello y se desprende del arco, no en favor de Grecia, sino para obtener, con esta extrema renuncia, su libertad. En este bre­ve drama, Gide se vale también del mito para dar vida a un dilema moral, propo­niendo con sutil elocuencia distintas solu­ciones, entre las cuales triunfa la ense­ñanza de la renunciación, la idea de que debemos estar siempre dispuestos a separarnos de todo, para mejor poseerlo todo den­tro de una libertad espiritual lo más am­plia posible. El puro estilo de estos diálogos descarnados nos presentan al escritor en el umbral de la madurez, pero guardando aún algún ligero residuo de afectado realismo simbolista.

M. Bonfantini