Fenómenos, Arato de Soloi

Poema griego de Arato de Soloi o de Soles (primera mi­tad del siglo III a. de C.). En 1.154 hexá­metros de cuidada factura, el autor describe la bóveda celeste, pagando revista a las constelaciones, explicando sus nombres y determinando su posición recíproca; en el verso 733 empieza una segunda parte, co­nocida también con el título especial de Pronósticos, en la que se enumeran los indicios que permi­ten prever el estado del tiempo. En la ex­posición científica se intercalan mitos que la tradición literaria había relacionado con tal o cual constelación. Fuente de esta obra es un tratado astronómico de Eudoxo de Cnido, que el poeta imitó no sin equivocarse alguna vez en la interpretación de algunos detalles técnicos. Es también sen­sible, especialmente en el prólogo, la in­fluencia del estoicismo, del cual Arato fue adepto. El poema es un fruto característi­co del helenismo, tanto en la elección del argumento científico como en el virtuosismo estilístico que el poeta demuestra, ence­rrando una materia abstrusa en los cánones rígidos de una versificación impecable, sin renunciar por ello a la claridad vulgarizadora.

No faltan aquí y allá rasgos en los que el literato alcanza los lindes de la fan­tasía poética, como cuando, al tratar de la constelación de la Virgen, reelabora con fino gusto el mito de la Edad de Oro (w. 96-136). Pero, en general, Arato se nos apa­rece más como un versificador que como un poeta. Esto no impide que su obra, res­pondiendo al gusto del tiempo, tuviera una fortuna singular; considerada más bien co­mo libro de estudio que como libro de pura literatura, esta obra figura entre las esca­sísimas que sobrevivieron a la pérdida de la poesía alejandrina. En efecto, se inte­resaron por ella no sólo los literatos, sino también los hombres de ciencia, los cuales dedicaron a Arato una serie de exposiciones y comentarios. En Roma, los Fenómenos in­fluyeron en la poesía docta y, de un modo particular, en las Geórgicas (v.) de Virgi­lio; Cicerón los tradujo al latín. Claudio César Germánico compuso una refundición de los Fenómenos en 752 hexámetros, Ara- tea (v.), que se publicó después de la muer­te de Augusto, aportando aquí y allá su­presiones, transposiciones y añadiduras al texto de Arato. Finalmente, Rufo Festo Avieno (siglo IV d. de C.) tradujo una vez más al latín el poema de Arato, para des­ahogo de su virtuosismo poético.

A. Brambilla