Fantasías a la Manera de Callot, Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

[Phantasiestükke in Callofs Manier]. «Ho­jas del diario de un viajero entusiasta», de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776- 1822), publicadas en 1813. Es la primera obra de Hoffmann, que, presentada con un hábil prefacio de Jean Paul, pronto atrajo sobre el autor la atención de todos los ale­manes. Ella marca el paso de la actividad principal de ensayista y crítico musical, que Hoffmann había ejercido hasta enton­ces, a la de novelista, a la que se dedicará en lo sucesivo. Pertenecen todavía a la primera época los capítulo de la I y II Kreisleriana (.v.), los cuales componen en torno a la fantástica figura del director de orquesta Kresiler (en el fondo el pro­pio Hoffmann, que durante muchos años fue un director de inflamada fantasía, in­temperante, poseído de entusiasmos y aver­siones tan violentos como incontrolados), una serie de variaciones al estilo musical. Así es también el capítulo sobre la música de Beethoven; la «Sombra amada», que exalta una voz de mujer; los «Pensamientos sobre el alto valor de la música»; el ca­pítulo sobre una frase de Sacchini, que establece un paralelo entre la ópera ita­liana y la de Glück, favorable a la segun­da.

A veces, como en «Maquinista perfec­to», el argumento se desenvuelve en el tono irónico caro a Hoffmann; mientras que en el «Club filarmónico de Kreisler» nos ofre­ce un tratado casi técnico de problemas mu­sicales, con ribetes humorísticos. El Hoff­mann novelista aparece en seis narraciones: «El caballero Gluck», sabrosa evocación llena de color del gran músico, resucitado en el Berlín de Hoffmann, y que contiene el famoso discurso «de los tres reinos»: el real, el fantástico y el de la armonía conquistada; Don Juan (v.), donde el perso­naje del gran seductor es presentado en su titubeo entre lo sublime y lo abyecto, y doña Ana como la fuerza del amor que purifica, pero perdida por el poder diabólico. Por primera vez, recurrió Hoffmann al artificio de mezclar la realidad con la ilusión: doña Ana aparece en el palco de proscenio, donde el «viajero entusiasta» asis­te a la representación solo y sin ser visto. El diálogo crea entre los dos un misterioso vínculo en el que se mezclan amor y arte; pero al día siguiente, a través de las frí­volas conversaciones de la mesa de hotel, el viajero sabe que la exquisita cantante ha muerto- aquella misma noche. «Los nue­vos destinos del perro Berganza» [«Die neuesten Schicksale des Hundes Bergan­za»], más que novela, es una rapsodia de motivos caros al autor. En el ambiente bur­gués a que el destino ha llevado a Ber­ganza (v.), el perro del Coloquio cervan­tino, el arte sólo sirve para satisfacer la vanidad de la dueña de la casa, dominada por instintos exhibicionistas. Entre un poe­ta y un filósofo, Berganza es inducido a tramar una sabrosa burla a esta señora, mientras que la jovencita Cecilia, en su in­genuidad, encarna una exquisita imagen del arte. Pero cuando Cecilia, por razones de conveniencia social, se casa con un jo­ven corrompido y estúpido, Berganza turba con sus tretas la noche nupcial y trata de liberar a Cecilia. (Muchos detalles son au­tobiográficos).

«El Magnetizador» [«Der Magnetiseur»] es una de las más oscuras novelas de Hoffmann: un tal Albert, que posee el arte de curar con el magnetismo, se sirve de él para hacer dócil instrumento de su voluntad a una muchacha prometida a un excelente joven; y la víctima mue­re a la misma hora en que debía casarse. Como de ordinario (v. Nocturnos), el autor da al drama un fondo familiar, mezclando el elemento mágico pintoresco con figuras de segundo orden, que encarnan el buen sentido y la sana alegría de vivir. Siguen La olla de oro (v.) y «Las aventuras de la noche de San Silvestre» [«Abenteuer der Silvesternacht»]. Erasmo Spikher deja en alemania a su mujer y a su hijo, y se va a Italia, la meta de sus sueños. Allá, en un banquete de artistas, conoce a la bella cor­tesana Julieta, de la que se enamora irre­sistiblemente. Julieta tiene por compadre a un brujo, el doctor Por-Todas-Partes; y a instigaciones de éste, Julieta pide a su amante que renuncie a su propia imagen en el espejo. Desde aquel momento, la pre­sencia de Erasmo inspira por doquier es­tupor y asombro. Cuando vuelve a su mu­jer, hasta ésta huye de él: no volverá a acogerlo y amarlo hasta que recupere su imagen en el espejo. Jean Paul, en el ci­tado prólogo, saludó con alborozo esta obra, que prometía a alemania «un florecer del humorismo que tan vigoroso es en Ingla­terra».

B. Allason