Eva Futura, Philippe-Auguste Villiers de TIsle-Adam

[Eve future]. Novela publicada en 1886. El joven lord Ewald está enamorado de una cantan­te, Alicia Clary, de magnífica belleza y nin­guna espiritualidad.

Desconsolado hasta pensar en el suicidio, no pudiendo ni amar ni dejar de amar a Alicia, habla de su tor­mento al inventor Edison, amigo y prote­gido suyo, quien pone a su disposición su ciencia prodigiosa. Ha creado un autómata, Hadaly, revestido de tiernas carnes, que se mueve y habla con ayuda de la electrici­dad y del fonógrafo; haciendo acudir a Ali­cia con un pretexto, hace a Hadaly com­pletamente similar a ella, dándole su voz y sus ademanes, hasta engañar por un mo­mento al mismo Ewald. Luego insufla en el admirable autómata el alma de Sowana, es decir, el alma hipnótica que ha arran­cado con el magnetismo a mistress Anderson, una mujer fina y desgraciada caída en letargo. Lord Ewald, al principio casi in­dignado con el magnífico fraude, y luego vencido por la alta y espiritual gracia de la nueva Eva, la lleva a Inglaterra para vivir con ella en su castillo. La muñeca es encerrada en una caja, en el fondo de la nave: un incendio que allí estalla la des­truye, con inmensa desesperación del joven que había visto realizado su ideal perfecto.

Pese al abuso de términos científicos, al elemento maravilloso brindado por recen­tísimos descubrimientos (teléfono, gramó­fono) y a anticipaciones como la del cine­matógrafo, no se trata precisamente de una novela científica. Edison aparece, en su fantástico laboratorio, como un mago, maes­tro en ciencia y también en filosofía. No sólo crea para Ewald el autómata prodi­gioso, sino que persuade al joven de que, como la realidad sólo vive en nuestro pen­samiento, su pensamiento puede animar la estatua Hadaly, que mucho mejor que Alicia podrá suscitar y responder a la ilu­sión creadora. Más que de la ciencia, Ha­daly es hija del sueño, del deseo ideal de Ewald.

El alma que al fin la llena, la de So­wana, es un misterio más profundo aña­dido a la obra, que encierra reflejos mági­cos, encantos líricos, con vanas insistencias técnicas y recargada ironía, zonas de som­bra y otras de vivísima luz. Obra estrecha­mente ligada a algunos de los Cuentos crueles (v.), los inspirados en el idealismo absoluto, de forma que los precedentes lite­rarios de autómatas que despiertan amo­res (en Hoffmann y otros) apenas le sir­vieron. Sin duda no alcanza el ambicioso empeño de una creación fáustica, pero el libro es de los más notables y sugestivos del autor.

V. Lugli

Una de las novelas proféticas de nuestra civilización mecanicista y americanista de hoy, la profecía de un Daniel del cine. (Thibaudet)