Eugenio Onieguin, Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevic Puskin)

[Evgenij Onegin]. Novela rusa, en verso. Escrita en el curso de casi diez años, de 1822 a 1831, fue publicada en varias en­tregas, y, completa, por primera vez, en 1833.

Los personajes principales son el joven mundano Eugenio Onieguin (v.), el poeta Vladimir Lenskij (v.), las dos hermanas Tatiana (v.) y Olga Larin (v.); un per­sonaje oculto, pero que se advierte de continuo en las digresiones de la narra­ción, es el mismo poeta. Eugenio Onieguin es un «joven señor» huérfano, instruido a la francesa, escéptico, egoísta, aburrido de todo y de todos. La herencia de un tío le lleva de San Petersburgo al campo donde, con otro joven propietario, el poeta idea­lista Lenskij, empieza a frecuentar la casa de la señora Larin que vive con sus dos hijas Tatiana y Olga, romántica y melan­cólica la primera, vivaracha y alegre la otra. Lenskij está prometido con la última. Tatiana se enamora de Onieguin y le con­fiesa su amor en una carta ardiente e inge­nua a la que el escéptico «dandy» contesta con un sermón moral sobre los peligros que corren las muchachas al abandonarse cie­gamente a sus sentimientos. Como diversión al aburrimiento, Onieguin, en un baile, corteja a Olga, es retado por Lenskij y le mata en desafío. Después de varios años de peregrinación, vuelto a San Petersburgo, encuentra, mujer de un general y gran señora, a la Tatiana provinciana desprecia­da en otro tiempo.

Presa ahora de la pasión, él la corteja en vano, le escribe y consigue al fin encontrarla sola en su casa. Tatiana le confiesa que sigue amándole, pero al mismo tiempo declara que no traicionará nunca al hombre que confió en ella al casarse. Novela en la breve trama, poema en la estructura, Eugenio Onieguin, impregna­da del lirismo peculiar de su autor, es una obra única en su género y no sólo en la literatura rusa. El crítico Bielinski la cree la obra más inspirada de Pushkin, la cria­tura preferida de su fantasía, aquella en que su personalidad se refleja plenamente y de modo luminoso.

El historiador Kljucevskij consideraba que se podía tomar como documento histórico por la pintura del ambiente. Dostoievski celebraba la co­rrespondencia con el espíritu del pueblo ruso, en la figura de su heroína Tatiana. La influencia de Eugenio Onieguin en, la literatura rusa ha sido enorme: según V. Ivanov «inaugura el glorioso florecimiento de la novela en Rusia, que fue uno de los acontecimientos más significativos de la moderna cultura europea». [Trad. de Ale­xis Marcoff en Obras escogidas, tomo II (Barcelona, 1942)].

E. Lo Gatto

La naturaleza rusa, el alma rusa, el carácter ruso… la lengua rasa se reflejan en Pushkin con una pureza y una tal belleza purificada, como se refleja el paisaje en la superficie convexa de una lente. (Gogol) No poema fantástico, sino palpablemente real, en el que está encarnada la verdadera vida rusa con tal fuerza creadora y con tal perfección, como nunca había existido an­tes de Pushkin y quizá no ha existido tam­poco después de él. (Dostoievski)

Traducir ese idioma de diamante es una empresa que hace enloquecer de desespe­ración. (Vogué)

Eugenio Onieguin es la primera y quizás única novela rimada de la literatura moderna… Inaugura el glorioso florecimiento de la novela en Rusia, que fue uno de los acontecimientos más significativos de la moderna cultura europea. (V. Ivanov)

La esencia, las propiedades de su poesía coinciden con las propiedades y la esencia misma de nuestro pueblo. Sin hablar del encanto, de la fuerza ni de la claridad viril de su idioma, lo que impresiona en las obras de Pushkin —no sólo a sus compa­triotas, sino a los extranjeros que pueden leerle — es la veracidad, la ausencia de convenciones y de fraseología, la sencillez, la sinceridad y la honradez de las sensa­ciones, rasgos comunes de la buena gente rusa. (Turguenev)

?   Se inspiró en la novela de Pushkin, Tchaikovsky [Pétrlic Cajkovskij, 1840- 1893], y compuso unas escenas líricas en tres actos y con el mismo título, que fueron representadas en Moscú» en 1879. Espontá­nea y fácil, esta música está escrita en el típico estilo de Tchaikovsky, quien volun­tariamente se mantiene extraño a las ideas y programas de los «Cinco», dedicados a separarse de las formas tradicionales de la música occidental y buscar la inspiración en los cantos del pueblo ruso. Tchaikovsky, en cambio, adopta el modelo de la música europea y compone una música agradable y sentimental, que raramente pierde el ca­rácter de música de salón.

Tanto en las arias y escenas de Tatiana (cuyo tema, no muy peregrino, se repite en toda la ópera), como en los fragmentos de conjunto y en las numerosas danzas (vals, mazurca, polo­nesa, escocesas, todas de género brillante y superficial), se encuentra este carácter. Sólo cuando están en escena personajes del pueblo (los aldeanos y la nodriza), el autor abandona su estilo internacional y se inclina a las melodías y ritmos típicamente rusos. Y en verdad estos son los momentos más lozanos y vivos de la partitura.

M. Dona