Esposos, August Strindberg

[Giftas]. La ocasión de escri­bir esta serie de bocetos y novelas cortas de la vida matrimonial, precedidas de un prólogo polémico (1884), le fue ofrecida al escritor sueco August Strindberg (1849- 1912) por el gran clamor suscitado en Escandinavia por el drama Casa de muñecas (v.), por el espectáculo de todas aquellas mujeres que «vieron en sus maridos unos tiranos y se tuvieron, con más o menos motivo, por muñecas».

Strindberg pensaba, en cambio, que Casa de muñecas era «una galantería romántica a la antigua, llena de fragilidades idealistas»; él, que de la vida captaba y daba como válido solamente lo elemental y lo instintivo: el amor como impulso natural, que la institución del ma­trimonio falsifica o destruye; la materni­dad como único fin de la mujer. Al prólogo polémico seguían una serie de bocetos y novelas, en los cuales los temas del choque entre naturalezas monógamas y polígamas, de la no renovación de la sangre y de las cla­ses superiores de la sociedad en detrimento de las inferiores y, sobre todo, de la ma­ternidad que triunfa sobre la «independen­cia» y la «emancipación», están tratados con el estilo incisivo, crudo, directo, que constituye la originalidad de Strindberg.

La colección culmina en «Una casa de mu­ñeca», relato de un matrimonio feliz que está a punto de convertirse en desgraciado después de leer la esposa el drama íbseniano y ser catequizada por una solterona mo­ralista. ‘Pero el marido, capitán de marina, aconsejado por su suegra, se dedica a cor­tejar la solterona, mas los celos curan a la esposa de aquellas preocupaciones, y desde entonces aquel hogar vuelve a ser una verdadera «casa de muñecas». Este li­bro causó sensación extraordinaria hasta el punto de que Strindberg hubo de com­parecer ante los tribunales, aunque, desde luego, para ser absuelto. Publicó después, en 1886, una «Segunda parte», también com­puesta de una serie de bocetos precedidos de un prólogo que, por ser Strindberg hom­bre irritabilísimo, pretendía ser un acta de acusación, apoyado en testimonios que van de Aristóteles a Annie Besant, contra la mujer, la gran explotadora.

Los bocetos de esta segunda parte son mucho menos felices que los de la primera, la situación que predomina en ellos es la de la hembra que se entrega al macho en forma de ma­trimonio, para alcanzar dinero o poder; mientras la mujer ama sólo al hombre por las ventajas que le ofrece, el hombre en cambio, que lo da todo por la mujer a quien ama, acaba por convertirse en su es­clavo. Es la requisitoria de un misógino.

V. Santoli

La polémica contra el feminismo llegó a obsesionar a Strindberg hasta el punto que su criterio artístico llega a resentirse de ello… Con este libro de Strindberg suce­de lo que con ciertas frutas: es menester quitarles la corteza si queremos saborearlas. (G. Brandés)