[Spirto gentil]. Canción que forma parte del Cancionero (v.). Está dirigida a un noble personaje de Roma, que hoy todavía no se sabe con precisión quien pudo ser, ya que si los conceptos expresados la vinculan a los ideales de Cola de Rienzo y los sentimientos suscitados en el poeta por la tentativa del tribuno romano (y la canción llevó por mucho tiempo el nombre de canción de Cola de Rienzo), algunos pasajes nos impiden reconocer a Cola como destinatario de la canción, y tampoco pueden persuadirnos completamente las opiniones de los que hablan de Bosone Da Gubbio o de Stefano Colonna o de otros senadores de Roma.
Pero tal incertidumbre, análoga a la existente a propósito de la canción Italia mía (v.) y originada por el tono peculiar de la poesía política de Petrarca que evita el detalle de crónica, no disminuye la belleza y la importancia de la poesía, que es la más alta expresión del amor de Petrarca por Roma, su reverencia hacia su gran pasado, su dolor por el triste presente y su sueño de un próximo resurgimiento* Poeta que vive entre las imágenes de la gloria antigua y en la vana tristeza por los males de su tiempo, Petrarca se dirige a este hombre de acción que tiene en sus manos el destino de Roma y que a lo mejor tendrá que llevar a cabo lo que él ha soñado; y la exhortación, profundamente poética, va tocando todos los motivos que deben empujar al noble caballero hacia el cumplimiento de su hazaña.
Se pasa así de la representación de la Italia inerte, olvidada de sí misma [«Non spero che giammai dal pigro sonno / Mova la testa per chiamar ch’uom faccia, / Si gravemente é oppressa e di tal soma»], a la evocación de la Roma antigua, viva aún en las solemnes ruinas y en sus nobles espíritus que todavía se estremecen en sus tumbas por su suerte [«Le antiche mura che ancor teme ed ama / E trema il mondo quando si rimembra / Del tempo andato e ’ndietro si rivolve… / …Come ere’ che Fabrizio / Si faccia lieto udendo la novella! / E dice: Roma mia sará ancor bella»], y de ésta a la descripción de la desolación de la Roma del siglo XIV y de los sufrimientos de los humildes y débiles, que el poeta recuerda con acentos de un afecto profundo [«Le donne lagrimóse e il vulgo inerme / De la teñera etate, e i vecchi stanchi / Ch’hanno sé in odio e la soverchia vita / E i neri fraticell e i bigi e i bianchi / Con l’altre schie- re travagliate e inferme / Gridan: O Signor nostro, aita aita! / E la povera gente sbi- gottita / Ti scopre le sue piaghe a mille a mille»]; y la oración culmina en la despedida, que resume el espíritu de la canción en una representación sugestiva del caballero [«Sopra il monte Tarpeo, canzon, vedrai / Un cavalier ch’Italia tutta onora / Pensoso piü d’altri che di sé stesso»] y de Roma que a él, por boca de su poeta, levanta su implorante petición: «Un che non ti vide ancor da presso / Se non come per fama uom s’innamora, / Dice che Roma ogni ora / Con gli occhi di pietá bagnati e molli / Ti chier mercé da tutti i sette colli».
M. Fubini
El plan está concebido fríamente y a priori, con objetos distribuidos de una manera abstracta y según un orden lógico. (De Sanctis)
Petrarca era muy elegante en sus versos, como un hombre que de la elegante actitud y porte de la persona se ha hecho una regla de la que no se aleja ni siquiera en casos en que tendría que olvidarla por otra regla o ley más ampliamente humana. Había en él la costumbre o el vicio de su virtud, de su alto sentido de la forma poética. (B. Croce)

