Espejo de los Monjes, Evagrio Póntico

La vida de Evagrio Póntico (346?-399) es una verdadera novela. Ordenado lector por San Basilio de Cesarea, y después diá­cono por San Gregorio Nacianceno, Eva­grio vivió en Constantinopla junto al pa­triarca Nectario.

El torbellino de una pasión acompañada de las circunstancias más es­cabrosas, determinó en Evagrio un remor­dimiento consciente y una súbita conversión al más duro ascetismo. Después de haber permanecido por breve tiempo en Jerusa­lén, junto a Melania y al sacerdote Rufino de Aquilea, el ruidoso adversario de San Je­rónimo, Evagrio se retiró al desierto egip­cio de Nitria, y allí vivió en la soledad y mortificación, dedicándose al mismo tiempo a la transcripción de códices para ganarse la vida, y a la compilación de obras ascé­ticas que figuran entre las más poéticas y más finas que nos ha transmitido la vida religiosa cristiana del próximo Oriente.

Paladio de Helenópolis en su Historia Lausiaca (v.) le ha dedicado páginas que se leen con desconcertante interés. Bajo la ge­nérica designación de Speculum monachorum nos ha sido transmitido lo mejor de la producción de Evagrio. Durante mucho tiempo las traducciones latinas de estas obras fueron las únicas conservadas. Los originales griegos han sido descubiertos durante estos últimos decenios y la litera­tura evagriana se ha ido reorganizando así mejor cada vez en su «corpus» orgánico.

Ya Paladio en su Historia Lausiaca alude a tres obras principales, y no a tres par­tes de una única obra de Evagrio, la pri­mera titulada genéricamente Cosas sagra­das, la segunda La vida monástica, la tercera Constituciones, las cuales, siempre según Paladio, estaban destinadas a servir de manual pedagógico para los monjes, llamados a vencer la acción multiforme e insidiosa del Demonio. No se puede, con todo, decir que las investigaciones moder­nas dedicadas a rastrear por todas partes los restos de escritos evagrianos, especial­mente en la tradición de la Iglesia siríaca, hayan logrado su intento.

E. Buonaiuti