Entre Cielo y Tierra, Otto Ludwig

[Zwischen Himmel und Erde]. Novela compuesta en 1855. Es la obra de la madurez de este escritor alemán, uno de los más notables de su siglo. El am­biente de la novela es típicamente alemán: una pequeña ciudad de Turingia y una familia de «Schieferdecker», obreros espe­cializados en la construcción y arreglo de los techos de pizarra característicos de las iglesias y casas de alemania. Los persona­jes principales de la familia Nettenmair son un anciano padre autoritario y severo, amo y señor inflexible y duro que desde el fon­do de la escena proyecta su sombra sobre toda la pieza; dos hermanos, Fritz y Apolonio; y una mujer, Cristiana.

Apolonio ama a Cristiana, pero, demasiado tímido para confesárselo, se sirve de su hermano como consejero y mensajero. Éste, sin em­bargo, trabaja por su cuenta, en perjuicio del otro, haciendo lo posible para que la mujer, que correspondía a su hermano, deje de apreciarle y se case con él el día en que Apolonio abandone la ciudad. Al cabo de seis años regresa Apolonio. Los cuñados asumen entre ellos una actitud hostil pero Fritz, empleando una táctica equivocada, no consigue sino descubrir su inferioridad, acer­cando de este modo a los dos. Exasperado por los celos, no se detiene frente al cri­men. Allá en lo alto, entre cielo y tierra, donde los dos hermanos trabajan en el te­jado de la iglesia, trata de hacer caer a su hermano. Sin embargo éste le esquiva y provoca la caída del otro al abismo.

La bella mujer, ahora ya libre, podría, como le acon­seja su insatisfecha pasión y como ordena el anciano padre, llegar a ser por fin la esposa de Apolonio. Pero entre los dos, aho­ra más que nunca, hay un obstáculo insu­perable: la idea, cada vez más viva y pro­funda de Apolonio, de que quizás él hubie­ra podido salvar a su hermano. Idea fija que le hace imposible el trabajo en los tejados ya que siente vértigo sólo de pensar en ello. Para curarse, tendrá que dar una in­terpretación elevada a su gesto de defensa y convencerse de que quiso salvar, con su propia vida, a toda la familia de la que ahora se hace cargo. Sin embargo, para que esta justificación le sirva de algo debe renunciar a la mujer que ama y seguir llamándola hermana.

Del mismo modo que en el título la tierra está contrapuesta al cielo, así en la novela Fritz representa el mal, contrapuesto a Apolonio, que represen­ta el bien: caracteres absolutos, sin medias tintas ni matices. Más humana es la mujer que se siente pronta para ceder a la pasión, que sabe llorar y gritar su amor. Obra característica de la época; la novela com­bina un sentido de abstracta e ideológica moralidad con un minucioso estudio de las costumbres, del lenguaje y de la técnica de ese singular mundo de obreros. Es efectivamente la vida de una pequeña ciudad provinciana de alemania que revive en la narración con viveza de colores y acentos de verdad.

F. Federici