Enrique el Verde, Gottfried Keller

[Der grüne Heinrich]. Novela del poeta suizo publicada en 1854-55 y, en una nueva redacción, en 1879-80. Re­cuerda, por su contenido, a las novelas de la escuela romántica y al Wilhelm, Meister (v.); por la composición y la sutil tenden­cia pedagógica, a las obras de Jean Paul. En un estilo de perfecto realismo, el autor narra cómo Enrique el Verde (v.) llamado así por su vestido, al quedar huérfano de padre, creció sin freno, por la debilidad de su madre, la dulce y piadosa viuda Lee.

Transcurridos los primeros años de escue­la, es arrojado de la misma por una mala acción de la que no es responsable. Enton­ces entra como discípulo en el estudio de un mediocre pintor. Durante una visita a unos parientes en el campo, el amor le gana por partida doble: la tierna Ana que hace sonar las cuerdas más dulces de su alma y la hermosa Judith que enciende sus sentidos, son colocadas en gracioso contras­te. Durante algún tiempo está indeciso en sus sentimientos entre las dos mujeres y cuando se ha decidido por Ana, ésta muere. Entonces obedece la advertencia de un ver­dadero pintor y se dirige a Munich para perfeccionarse.

Pero, muy pronto, la ciencia le atrae más que el arte. Para vivir, pinta telas incomprensibles que vende por poco dinero a un ropavejero y cae en una mi­seria cada vez mayor. Después de algunas aventuras amorosas, decidido a volver jun­to a su madre, vencido y hambriento, en­cuentra acogida junto a un conde quien, después de haber reconocido alegremente en él al autor de los extraños cuadros, le obliga a aceptar por ellos una gran canti­dad. Cuando Enrique se aleja del castillo, donde también ha permanecido atraído por una hermosa muchacha, Dorotea, y llega al fin a su país de origen, encuentra que su anciana madre ha muerto de dolor por su ausencia. Presa de desesperación, se mata.

En la edición revisada, en cambio, Enrique Lee es presentado como un indi­viduo de la realidad común, en quien los defectos y los pecados no son más que el resultado de la fragilidad humana. El ca­rácter — siempre verde, sin madurar— de Enrique está hecho de fantasía y de sueños que le impiden una actividad verdadera; considera su vida como un producto poético sujeto a las leyes de la poesía. Con arte extraordinario, Kelier ilumina la profundi­dad y la riqueza de los sentimientos del protagonista, siguiéndole en un delicado y siempre mudable juego de colores. La trama de la novela es tenue: casi la mitad de la obra está dedicada a la fresca e ingenua descripción de la infancia y de la juven­tud de Enrique.

Las descripciones idílicas del paisaje suizo y de las escenas populares (en especial una representación del Guiller­mo Tell, v., ejecutada por el mismo pue­blo con el fondo de la naturaleza^ suiza), pintadas con vigorosa y dulce poesía, pue­den ser parangonadas únicamente con las de Werther (v.). Keller ha entretejido en la novela la discusión de las diversas co­rrientes estéticas, científicas y religiosas de su época; esbozado como pura represen­tación de un carácter artístico problemático, Enrique el Verde, con el desarrollo espiri­tual del poeta se ha transportado a planos cada vez más amplios, convirtiéndose en una «novela de formación». Esta abundan­cia didáctica no se elude ni siquiera en la segunda elaboración, donde sólo el final está cambiado y todo se narra en primera persona. Con mucha frecuencia se plantea el problema religioso.

Para Enrique «Dios resplandece de mundanidad», repudia el cristianismo, pero se considera a sí mismo un protegido especial de Dios. Es evidente la influencia del filósofo de Feuerbach, que niega la trascendencia de la ultratumba para dirigir a los hombres a su verdadera patria que es el mundo de los vivos. En dicho sentido Enrique el Verde representa el inicio de una nueva orientación poética, en la cual los dos conceptos de arte, el ro­mántico y el realista, tienden a fundirse. Pese a las sombras románticas y a ciertas tendencias fantásticas, Keller se separó de los románticos por el sano realismo de su concepto de la vida, por su sólida adhesión al mundo y su sereno optimismo. Como en el Wilhelm Meister (v.) de Goethe, tam­bién en el Enrique el Verde de Keller el momento problemático está superado; prue­ba de ello, la serenidad y la calma, la fuer­za plástica y la pureza del estilo. Dicho valor justifica plenamente la posición de la novela entre las obras fundamentales de la nueva literatura alemana.

A. Feldstein