Enoch Arden, Alfred (Lord Tennyson)

Poema publicado en 1864. En un pequeño puerto de la costa oriental de Inglaterra, tres niños juegan en la pla­ya: Enoch Arden, Philip Ray y Annie Lee. En el juego, Annie es la pequeña esposa unas veces del uno y otras del otro chiqui­llo.

Pero el juego se convierte en realidad. Enoch y Annie se casan, mientras Philip, también enamorado de Annie, experimenta un profundo dolor. Los primeros siete años de matrimonio transcurren felices en la ca­sita de Enoch y Annie. Luego la enfermedad y la pobreza asoman su rostro por el se­reno umbral, y para devolver el bienes­tar a sus seres queridos Enoch se embarca como contramaestre en un buque que se dirige a China. Durante el viaje de regreso, la nave zozobra, y Enoch se salva en una desierta isla tropical, donde vive largos años en la soledad, hasta que consigue regresar a su tierra.

Allí, sin embargo, se entera de que Annie se ha casado con Philip, el cual, devoto, fiel y afectuoso, ha ayudado siem­pre a Annie y a sus hijos en su pobreza. Enoch decide no revelar su identidad para no destruir la paz de Annie. Continúa vi­viendo en el lugar, trabajando humildemen­te entre los pescadores, y sólo al cabo de un año, en trance de muerte, revela a la mesonera en cuya hostería se aloja que él es Enoch Arden, y le ruega que le diga a su mujer y a sus hijos, cuando él ya no exista, que ha muerto amándolos y bendiciéndolos. El tema de Enoch Arden es la odisea de los humildes pescadores, cuyas huellas se encuentran en las supersticiones de Asia y Europa: el marido olvidado es considerado, a su regreso a la patria, como un fantasma.

En muchas leyendas sajonas y bretonas, la solitaria Penélope, después de haber esperado en vano mucho tiempo, contrae segundas nupcias; el marido regre­sa y reclama enérgicamente sus derechos. Pero Enoch no reclama nada. Tennyson ha preferido, para los fines de su arte exquisi­to, la conclusión patética de una renun­cia. La narración fluye llana y melodiosa en el ritmo del «blank verse» (endecasíla­bos sin rimar), el metro de los dramas isabelinos y del Paraíso perdido de Milton, que corresponde a nuestro endecasílabo. El arte del  poeta se revela admirable sobre todo en las descripciones. Es bellísimo el contraste entre la exuberante naturaleza tropical y la visión que el pobre náufrago tiene de su lejana patria nórdica. Este poe­ma ha sido traducido al latín y a otras siete lenguas europeas; y su tema ha ser­vido de base a dos dramas, por lo menos, escritos uno en Londres y otro en Nueva York. La trama del relato le fue narrada al poeta inglés por su amigo y colega Ed- ward Fitzgerald, el conocido traductor de Ornar Khayyam (v. Rubaiyyat). [Trad. de Vicente de Arana en Poemas de A. T., Barcelona, 1883].

T. Pintacuda Pieraccini

*     Inspirándose en el poema de Tennyson, Richard Strauss (1864-1949) compuso el me­lodrama del mismo nombre, op. 35.