[V vodovorote]. Novela del escritor publicada en Moscú en 1871. Es una de las obras del novelista ruso más conocidas en el extranjero y más atacadas por la crítica.
La protagonista, Elena, es una mujer de grandes cualidades, pero que ha leído y pensado demasiado. Considerando el matrimonio un convencionalismo inútil, se entrega a un hombre casado, el príncipe Gregorev, y tiene un hijo al que, siempre de acuerdo con sus ideas, no quiere bautizar. Entre tanto la mujer del príncipe abandona a su marido y parte hacia el extranjero; y Elena va a vivir junto con su hijo en casa de su amante. Pero pasados algunos años su idealismo queda duramente decepcionado: siendo de origen polaco, quisiera conseguir del príncipe Gregorev, por instigación de un aventurero, una fuerte suma para ayudar a sus compatriotas evadidos.
El príncipe se niega y Elena se considera obligada a marchar a vivir sola con su hijo. Obligada a trabajar para vivir, enferma de pulmonía y muere tísica a los pocos años. Precisamente el día de su muerte la policía va a detenerla por ciertas relaciones epistolares con algunos de los más exaltados revolucionarios polacos emigrados al extranjero. Como el Bazarov (v.) de Padres e hijos (v.) de Turguenev, Elena quiere liberarse de cuanto es tradición y acaba yendo contra la propia naturaleza, que hubiera sido la de una buena esposa y buena madre. Pisemskij nos muestra el principal fenómeno de la Rusia de su época: el deseo de construir un mundo nuevo con ideas tomadas en préstamo al Occidente, mientras el viejo todavía es sólido y vital. Así Elena quisiera que su hijo fuese educado por la comunidad, pero tal comunidad no existe, y ella misma siente instintivamente el deseo de educar por sí sola al niño.
El príncipe Gregorev, por su parte, quisiera conceder a su mujer la misma libertad de amar que pretende para sí, renegando de toda tradición, pero se siente celoso y sufre al advertir que la princesa siente alguna preferencia por un amigo suyo. «El príncipe es orgánicamente incapaz de soportar el papel de marido traicionado», observa Mikljakov, periodista de ideas avanzadas, quien, enamorado de la princesa, marcha con ella a alemania. Y en realidad Gregorev, abandonado por su mujer y por Elena, después de una inútil tentativa de recobrar a su hijo, se mata. La novela, de una psicología poco cuidada y excesivamente llena de intrigas, no es de las mejores de Pisemskij, pero constituye una aguda crítica de la Rusia de la época, que podemos ver sintetizada en las palabras de Mikljakov: «Queremos abolir la familia, sustituir por el reinado del trabajador el reinado del mercader, matar el capital, y entre tanto nuestro viejo Adán ama el lujo y la comodidad y, para ser adulado, adula a quien es poderoso y rico».
G. Kraisky

