[Elettra]. Segundo libro de los Laudes del ciclo del mar, de la tierra y de los héroes (v.), publicado en 1904. En él se cantan en realidad los héroes, razón por la que el tema superhumano toma parte en éstas más que en otras obras del autor, y se desenfrena en grandilocuencia canora; y a Nietzsche, primer Maestro del Superhombre, va dedicada una de estas odas. Acentos de conmovida oratoria sé encuentran en las odas patrióticas, «Al re giovine» [«Al rey joven»], «Alia memoria di Narciso e Pilade Bronzetti» [«A la memoria de Narciso y Pílade Bronzetti»], «Canto augurale per la Nazione eletta» [«Canto augural para la Nación elegida»]; una conmoción que nace de un no mentido amor que tuvo siempre d’Annunzio por su Patria, del que dan testimonio en el pasado las Odas navales (v.) y las prosas de la Armada de Italia y que se apoya poéticamente sobre una ansia vaga e indistinta de futuro destino hasta cuando el ansia se derrama en abundancia verbosamente enaltecedora como en las odas «a Roma», o en hinchada exhortación civil como en el «Canto di festa per Calendimaggio» [«Canto de fiesta para las Kalendas de Mayo»].
Métricamente la mayoría de estas odas se desarrollan en verso libre y en amplias estrofas que ceden demasiado al movimiento oratorio, pero representan, a pesar de ello,, una experiencia más rica (hasta como resultados) que las canciones compuestas a la manera tradicional, y se juntan a los experimentos contemporáneos de Laus vitae (v.) y hasta de Alción (v.); son mejores las escritas en variadas estrofas de endecasílabos, entre el metro absolutamente libre y el metro tradicional. Un mejor acento de poesía es menester, con todo, buscarlo en la lamentación elegiaca. «Per i marinai d’Italia morti in Ciña» [«Para los marineros de Italia muertos en China»], y en las partes idílicas y voluptuosas de la «Notte di Caprera» [«Noche de Caprera»] que es el título bajo el cual está publicada en Electra la Canción de Garibaldi (v.). Otros lugares idílicos, elegiacos y voluptuosos no faltan en los sonetos de las «Cittá del Silenzio» [«Ciudades del Silencio»], escritos en alabanza de las pequeñas y gloriosas ciudades de la provincia italiana, especialmente los escritos en alabanza y recuerdo de su lejana adolescencia, los sonetos de Prato; más a menudo sofocados por su finalidad conmemorativa y por su peregrina erudición acumulada.
Pero las joyas poéticas por las que el libro pertenece con justo título a los Laudes junto al Alción son las tres odas en estrofas libres (pero de una libertad menos suntuosa que las odas patrióticas) con las que se abre la serie de sonetos de las «Ciudades del Silencio», dedicadas respectivamente a Ferrara, Pisa y Rávena: especialmente las dos primeras. Un sentido voluptuoso y melancólico del paisaje, disuelto en música aérea, con vagas imágenes de mujeres lánguidas y amorosas, substituye en estas odas la inadecuada tentativa, que estropea las otras «Ciudades del Silencio», de elevarse a una poesía éticamente histórica, de sabor carducciano. Las tres odas y los 56 sonetos de las «Ciudades del Silencio» fueron publicados en una edición aparte, aparecida en 1926.
E. de Michelis

