Electra, Gabriele d’Annunzio

[Elettra]. Segundo libro de los Laudes del ciclo del mar, de la tierra y de los héroes (v.), publicado en 1904. En él se cantan en realidad los héroes, razón por la que el tema superhumano toma parte en éstas más que en otras obras del autor, y se desenfrena en grandilocuencia canora; y a Nietzsche, primer Maestro del Super­hombre, va dedicada una de estas odas. Acentos de conmovida oratoria sé encuen­tran en las odas patrióticas, «Al re giovine» [«Al rey joven»], «Alia memoria di Nar­ciso e Pilade Bronzetti» [«A la memoria de Narciso y Pílade Bronzetti»], «Canto augurale per la Nazione eletta» [«Canto augural para la Nación elegida»]; una con­moción que nace de un no mentido amor que tuvo siempre d’Annunzio por su Patria, del que dan testimonio en el pasado las Odas navales (v.) y las prosas de la Arma­da de Italia y que se apoya poéticamente so­bre una ansia vaga e indistinta de futuro destino hasta cuando el ansia se derrama en abundancia verbosamente enaltecedora como en las odas «a Roma», o en hinchada ex­hortación civil como en el «Canto di festa per Calendimaggio» [«Canto de fiesta para las Kalendas de Mayo»].

Métricamente la mayoría de estas odas se desarrollan en verso libre y en amplias estrofas que ceden demasiado al movimiento oratorio, pero re­presentan, a pesar de ello,, una experiencia más rica (hasta como resultados) que las canciones compuestas a la manera tradi­cional, y se juntan a los experimentos con­temporáneos de Laus vitae (v.) y hasta de Alción (v.); son mejores las escritas en va­riadas estrofas de endecasílabos, entre el metro absolutamente libre y el metro tra­dicional. Un mejor acento de poesía es me­nester, con todo, buscarlo en la lamenta­ción elegiaca. «Per i marinai d’Italia morti in Ciña» [«Para los marineros de Italia muertos en China»], y en las partes idílicas y voluptuosas de la «Notte di Caprera» [«Noche de Caprera»] que es el título bajo el cual está publicada en Electra la Can­ción de Garibaldi (v.). Otros lugares idílicos, elegiacos y voluptuosos no faltan en los sonetos de las «Cittá del Silenzio» [«Ciuda­des del Silencio»], escritos en alabanza de las pequeñas y gloriosas ciudades de la pro­vincia italiana, especialmente los escritos en alabanza y recuerdo de su lejana ado­lescencia, los sonetos de Prato; más a me­nudo sofocados por su finalidad conmemora­tiva y por su peregrina erudición acumu­lada.

Pero las joyas poéticas por las que el libro pertenece con justo título a los Lau­des junto al Alción son las tres odas en estrofas libres (pero de una libertad menos suntuosa que las odas patrióticas) con las que se abre la serie de sonetos de las «Ciu­dades del Silencio», dedicadas respectivamente a Ferrara, Pisa y Rávena: especial­mente las dos primeras. Un sentido volup­tuoso y melancólico del paisaje, disuelto en música aérea, con vagas imágenes de mu­jeres lánguidas y amorosas, substituye en estas odas la inadecuada tentativa, que es­tropea las otras «Ciudades del Silencio», de elevarse a una poesía éticamente histórica, de sabor carducciano. Las tres odas y los 56 sonetos de las «Ciudades del Silencio» fueron publicados en una edición aparte, aparecida en 1926.

E. de Michelis