El Silabario, Stephan George

[Die Fibel]. Libro de versos juveniles de Stephan George (1868- 1935), escogidos entre los escritos de 1886 a 1889 y publicado en 1901. Contiene, ade­más de poesías originales dispuestas en orden cronológico, algunas traducciones del italiano, inglés, francés y español. Hay, sobre todo en la primera parte, una bús­queda asombrada y ansiosa a través de los recuerdos juveniles y de los rápidos viajes por Europa.

Es interesante observar cómo desde los primeros versos toda la vida, incluso el amor, se resuelve en una introspección meditativa: la mujer se re­duce esencialmente sólo a un estímulo, con el que resuelve el enigma que la fuerte emoción amorosa ha suscitado en él. La misma posición es adoptada por el poeta ante los paisajes, que huyen con las esta­ciones, ante las flores que maduran y se vuelven frutos; todo hace sentir el dolor y la angustia de la muerte. Pero en la se­gunda parte de las «Poesías sobre la tum­ba», en el lamento de la madre que llora a su joven hijo, afirma con gesto clásico que la muerte es «como un favor de los dioses», supremo momento de belleza. En la ter­cera parte, «De un viaje», se advierten ya algunas muestras de lo que George des­arrollará en el Tapiz de la vida (v.), cuando una nostalgia interior lo impulsa hacia su patria, pero su patria verdadera, o sea el espíritu original de la misma, fuera de toda religión y de toda moral convencio­nal (v. Algabal).

En los «Dibujos en gris», ganada la polémica durante la cual el verso ha ido descarnándose, renuncia a todo ornato poético e incluso a la rima. De ahí parte la obra de George, impresa sólo para el restringido grupo de sus íntimos, y desde este momento la palabra se convierte en algo sagrado, que por nada puede ser pro­fanado (v. Hojas para el arte). Las «Le­yendas», en estilo más ceñido, con palabras más aladas y en cuadros precisos, revelan lo que al principio sólo fue confusamente sentido. Esta primera colección de versos nos da en el germen de sus líneas esencia­les lo que será el desarrollo de George en su obra mayor.

G. F. Ajroldi