El Sacerdote de Nemi, Ernest Renán

[Le préte de Némi]. Obra de Ernest Renán (1823-1892), publicada en 1885. Esta producción, característica de la última época de Renán, a pesar de no haber sido destinada al teatro, puede dividirse en cinco actos. La aprecia­ción del autor: «Diálogo filosófico», fija exactamente el género. La situación general de la acción evoca evidentemente la corres­pondiente a Francia hacia 1880: Alba, ven­cida en principio por Roma, ha curado ya sus heridas y piensa en el desquite.

Al partido aristocrático que, en la ciudad, in­duce a la guerra, se opone el pacifista Titius, representante de la burguesía moderada y de la clase media. Entre estos dos clanes rivales, el sacerdote Antistius, que rehúsa ceder a las pasiones que animan a unos y otros, terminará por atraerse el odio de ambos bandos. Nadie duda de que Renán haya querido representarse a sí mismo en este personaje central, perfecto sabio gene­roso que «confía en el triunfo definitivo del progreso moral y religioso». Su fe crista­liza en un deísmo bastante amplio y vago, en un esplritualismo que aspira a abolir las antiguas ceremonias sangrientas, las gro­tescas supersticiones, para implantar una auténtica moral basada en la razón. Con­secuentemente, Antistius, sacerdote del tem­plo de Diana, cerca del lago Nemi, rehúsa acatar la costumbre que le ordena matar a su predecesor, como igualmente se resiste a inmolar a los enemigos vencidos para atraer sobre la ciudad el favor divino. De este modo, en poco tiempo, se convierte en el blanco del odio de todo el mundo: mo­derados y extremistas, aristócratas y bur­gueses. La guerra contra Roma ha comen­zado y el sacerdote se niega a dar los oráculos favorables que se le han pedido, porque sabe perfectamente que Roma, mu­cho más potente, terminará por alzarse con la victoria.

No obstante, presionado por los nobles que le demuestran que es indispen­sable para el bienestar de la ciudad en­gañar a la masa, Antistius rectifica su pri­mitiva decisión. De todas formas, el sacer­dote de Nemi no logra renovar los lazos con la sociedad a que pertenece: el pro­feta del progreso enoja a todo el mundo. Finalmente, en el curso de un motín, Antis­tius cae asesinado. Los antiguos ritos son restaurados, pero sin que con ello se logre salvar a Alba, que al final resulta vencida por Roma. El sentido de esta obra es bas­tante ambiguo. En ella encontraremos, por lo pronto, ese tono de resignada melancolía y decaimiento característico de los últimos libros de Renán, que parece complacerse en adoptar actitudes de profeta incomprendido por el vulgo. Igualmente podía constituir El sacerdote de Nemi una especie de reflexión del autor sobre sí mismo y so­bre su obra pasada, en sus relaciones con la política, como continuación de las re­flexiones expuestas en la Reforma intelec­tual y moral (v.): «Aspiraba a mejorar al hombre y lo he pervertido», declara Antis­tius. Por la misma época, en su Historia del pueblo de Israel (v.), Renán se esfor­zaría por someter la religión a les intereses patrios y denunciaría los peligros que pue­de correr un profeta en la ciudad ame­nazada.