El Profesor Storicyn, Andreiev

[Professor Storicyn). Drama en cuatro actos de Andreiev (Leonid Nikolaevič Andreev, 1871- 1919), publicado en 1912. Es una especie de proceso que el autor hace de los medios in­telectuales rusos en vísperas de la revolución de 1905.

El célebre profesor Valentín Stori­cyn ha escrito muchos libros y tiene una multitud de admiradores y de discípulos: «rata de biblioteca, profesor hasta la medu­la» no hace más que soñar en la belleza. Pero el reverso de esta vida dedicada por completo al ideal es el ruinoso desorden de su familia: le traiciona su esposa, Elena, mu­jer trivial, de modo vulgar y descarado: el amante de ella, Savié, es el dueño en la casa de Storicyn, manda a la servidumbre, maltrata a los hijos; el hijo Vladimir ha huido de casa y arriesga cada día la vida en peli­grosos ejercicios de vuelo; el otro hijo, Ser­gio, es un ser oscuro, egoísta y precozmente vicioso. El profesor, sin embargo, no se da cuenta de esta bajeza de su vida práctica, hasta que un día, en su casa aparece de improviso su discípula preferida, la princesa Ljudmilla. Sólo entonces el profesor se en­tera plenamente de lo vergonzoso de su exis­tencia; reconoce que necesita no sólo pen­sar en lo bello, sino sentirlo y vivirlo.

Du­rante una excursión a las colinas cercanas a Moscú, tiene lugar una explicación entre Storicyn y Ljudmilla; el profesor confiesa a la joven su mísera humanidad: él no es, como ésta cree, un maestro de vida, un «profeta»; no es «sino un modesto y plácido hijo de la madre Rusia», nacido con una inmensa necesidad de belleza. «Cada uno de nosotros encuentra su atormentador — dice —. El mío es la vacuidad, y la vulgar fealdad de nuestra existencia». Junto a Ljudmilla respira esta atmósfera de belleza; pero precisamente por esto quiere rechazar la oferta de sí misma que le hace la joven: él no quiere pesar sobre la vida de ella con su desesperado cansancio, y ella debe con­servar ante sus propios ojos todo su candor. Después de este coloquio, Storicyn, destro­zado, no puede continuar en su casa y se refugia junto a su amigo Telemakov, un médico biólogo. Pero, cuando se le presenta de nuevo Ljudmilla, decidida a todo con tal de estar cerca de él, no sabe resistir y de­cide huir con ella. La salud física, ya mi­nada, no resiste tantas emociones, y muere de parálisis cardíaca, precisamente en el momento de partir.

El drama debía ilustrar el trágico destino de un hombre ligado a un ideal de vida excesivamente espiritual, que no logra dominar la brutal realidad. Por eso Storicyn habría tenido que representar a toda una clase de intelectuales, apóstoles fracasados, que cuanto más renie­gan de la cruda realidad de la vida, más aprisionados se hallan por ella. Pero el pro­blema no está visto con suficiente claridad, y los discursos idealistas del profesor resul­tan abstractos. La obra logra por el contra­rio una directa eficacia en sus partes más realistas. Fue precisamente a esta mezcla de simbolismo elocuente y cenagoso con un realismo audaz y fuertemente sufrido, a lo que debió su gran éxito. Trad. italiana de C. Castelli (Milán, 1927) y de la duquesa d’Andria (Turín, 1943).

O. S. Resnevich