[Der ausgewanderte Dichter]. Fragmentos líricos de un ciclo incompleto de poesías de Ferdinand Freiligrath (1810-1876); una serie de conmovedoras y nostálgicas visiones de un poeta emigrado en tierra india, que se construye su cabaña con troncos de abetos y helechos, va a la caza del bisonte y del alce y, amigo de los indígenas, quiere ser sepultado por ellos «mirando hacia oriente».
Fueron compuestos en los años en que el joven poeta trabajaba en .una casa de comercio en Amsterdam (1832-1836) y expresan su anhelo por un mundo más espiritual y poético. El fragmento lírico más importante es aquel en que narra la cacería del alce: una huella roja en el terreno muestra que el animal está herido y el guía, junto con el poeta, siguen las huellas, porque saben que el animal se retira a la espesura para morir en la soledad. Encuentran al animal moribundo en lo espeso de la selva y, mientras el guía lanza el grito de caza, el poeta conmovido ve en aquella agonía el símbolo de sus propias penas.
Lleno de impulso está el himno a la primavera [«Hinaus, hinaus…»] que describe el despertar de la naturaleza exótica, mientras las reinas de las abejas zumban con su cortejo a través del bosque, y el poeta quiere deambular como ellas «rodeado del enjambre de sus pensamientos». Sin embargo, una violenta nostalgia se apodera del poeta europeo en la soledad salvaje cuando canta a los bosques asombrados las canciones de Uhland, Kórner, Kerner, Arndt y Schenkendorf, y, como nuevo Orfeo, con las canciones de su patria conmueve, no a las rocas, sino a las serpientes, que se ponen a bailar. Luego, en un ímpetu de orgullo, el poeta alejado y olvidado lanza un reto a sus colegas en la patria y los invita a la lucha.
Pero sabe que su huida a la soledad, después de haber abandonado el mundo europeo que le disgustaba, no le dará la curación soñada; un año basta para apagar su orgullo, y en la poesía «Allein, allein…», llora su soledad e invoca a «un único ser, para poder reclinar su cabeza en su pecho». Se advierte, en la entonación patética y en la facilidad melodiosa, la influencia de Víctor Hugo, intensamente estudiado por Freiligrath; mientras en el gracioso idilio del caballero de la sabana, que vuelve al seno de la familia en la amada cabaña, después de sus atrevidas correrías, se encuentra la influencia de Longfellow. Las breves poesías, melodiosas y de vivos colores, revelan, pese a las influencias literarias, una personalidad poética que tiene también una originalidad cálida y espontánea.
C. Baseggio-E. Rosenfeld

