El Placer, G. D’Annunzio

La his­toria está ambientada en una Roma lujosa, entre papal y humbertina. Su protagonista es el conde Andrea Sperelli, «tipo ideal de joven señor italiano del siglo XIX», «legítimo campeón de una estirpe de gentilhombres y de artistas elegantes», cuya máxima es «Es necesario ‘hacer’ la propia vida como se hace una obra de arte».

Poeta, pintor y músico diletante, pero sobre todo refinado artí­fice del placer, ha establecido su residencia en el palacio Zuccari, en Trinitá de’Monti, pasa sus días entre ocupa­ciones mundanas, se rodea de personas elegantes y de ob­jetos preciosos, lejos del «gris diluvio democrático… que anega míseramente muchas bellas y raras cosas». Andrea se encuentra, sin embargo, atormentado por el recuerdo de una relación complicada y sensual con la enigmática Elena Muti, relación que se vio bruscamente truncada por la partida imprevista de Roma de la mujer. Al cabo de un corto período de aislamiento, se lanza a una se­rie de nuevas aventuras, hasta que un rival celoso lo de­safía a duelo y lo hiere.

Entonces se entrega a una convalecencia «purificadora» en la villa de una rica prima, en Schifanoia. Aquí conoce a una criatura casta y sensi­ble, María Ferres, esposa de un ministro de Guatemala: se hace ilusiones de alimentar por ella un amor espiri­tual, pero pronto su relación se enturbia y, en el contac­to con María, Andrea no busca sino reproducir las mis­mas sensaciones experimentadas ya con Elena, superponiéndosele así las imágenes de ambas mujeres. Cuando, en el punto álgido de un abrazo, Andrea deja escapar el nombre de su antigua amante, María huye horrorizada.