El Pensamiento, Leónidas Andreiev

[Mysl]. Drama en tres actos del escritor ruso Leónidas Andreiev (Leonid Nikolaevič Andreev, 1871- 1919), estrenado en 1902.

Keržencev es un pensador solitario, trabaja para sí y no para los demás y por ello no publica nada. Posee el pensamiento y con esta posesión se siente libre y feliz. Seguro de ello, quiere medir su grandeza y su fuerza y para ello piensa en evocar al mismo espíritu de la locura. Terrible, divino juego, en el que un espíritu débil sucumbiría, pero un espíritu fuerte y libre mostrará toda la solidez de su temple. Por ello Keržencev se finge loco y mata al marido de la que amaba y que no quiso ser su mujer.

Pero, ¿fingió estar loco o, por el contrario creía fingir, pero estaba efectivamente loco? Inmediatamente después del homicidio, Keržencev es presa de la duda horrible; encerrado en el mani­comio, ruega que se le diga si está loco o no: él mismo no sabe qué contestación de­sear. Y a quien le dice que es un asesino, le contesta que está loco, y a quien le dice que está loco le contesta que quisiera ser un asesino. Entre el crimen y la locura su alma vacila incoherente y desconcertada, y en vano, para saber la verdad, confiesa su premeditación. Masa, la enfermera anal­fabeta, milagrosamente sana y equilibrada de espíritu, le confirma su locura; Tatjana, la mujer culta y refinada a quien ha dejado viuda, se la niega. Keržencev permanecerá para siempre en la celda de su pensamiento individual.

Y el gran pensador envidia a la enfermera analfabeta su confiada seguridad, gracias a la cual vive tan a fondo en la verdad que ni siquiera supone que se pueda proponer como problema. Fuera del abs­tracto simbolismo que llena una parte tan importante de la obra de Andreiev, en El pensamiento encuentra su expresión más adecuada el nihilismo radical del drama­turgo ruso para el cual ni en sí ni fuera de sí, ni en la sociedad ni en las cosas exter­nas, tiene el pensamiento el criterio de la verdad ni de la certidumbre, y esto es lo que condena al hombre a no salir nunca de la espantosa soledad de su yo.

A. Tilgher

El Pensamiento de Andreiev es algo pre­suntuoso, ininteligible y, a lo que parece, inútil; sin embargo está realizado con inge­nio. En Andreiev no hay sencillez y su in­genio hace pensar en el canto de un ruiseñor artificial. (Chejov)