[Le mariage d’Olympe]. Comedia en tres actos de Émile Augier (1820-1889), representada en 1855. Se desarrolla en ella Una tesis netamente contraria a la desarrollada por Víctor Hugo en Marión Delorme (v.) y más recientemente por Alexandre Dumas, hijo, en la Dama de las Camelias (v.).
Olimpia Taverny es una de las entretenidas más cotizadas de París; cansada de orgías y locuras, piensa en retirarse y disfrutar de las alegrías tranquilas de la familia; un joven ingenuo, el conde Enrique de Puygiron, le ofrece la ocasión. Convertida en condesa de Puygirón, después de algunos meses de tranquilidad y honradez, Olimpia está ya cansada de su nueva situación; busca un amante, lo encuentra y se deja sorprender por su marido. Cuando éste desafía al amante de su mujer, Olimpia urde el plan diabólico: sabiendo que una primita del conde, Genoveva, había sido considerada anteriormente como su prometida y sigue amándole, advierte a la muchacha que sólo ella puede salvar a Enrique revelándole en un billete su amor y rogándole que viva para ella. Este billete será el arma de Olimpia; lo emplea para amenazar a la familia Puygiron de pedir el divorcio contra su marido, acusándolo de adulterio con la jovencita: es su venganza la venganza de toda su clase contra el honor y la respetabilidad. Revelándose impúdicamente en un dramático diálogo con el cabeza de familia, marqués de Puygiron, Olimpia es muerta de un tiro de revólver.
A los idealismos románticos han sustituido las verdades brutales del segundo Imperio; a la cortesana que anhela el amor verdadero, la cortesana corrompida y corruptora. En defensa de la familia, de la sociedad y de la segura moral burguesa contra la rehabilitación de la mujer perdida, Augier muestra el peligro de la «nostalgia del fango» en la criatura que ha conocido el mal.
G. Alloisio

