[Igrok]. Novela de Fëdor Michajlovič Dostoyevski (1821-1881), publicada en 1866. El autor describe una amarga experiencia de su vida durante su estancia en el extranjero: aquella pasión por el juego que le llevó a entramparse hasta la desesperación y a regresar a Rusia en la miseria. El héroe de la novela, Alekse Ivanovic, relata en primera persona su historia.
Preceptor en casa de un general que vive en el extranjero, en la imaginaria y pequeña ciudad de Rulettenburg, se enamora perdidamente de la cuñada de aquél, Paulina, que le trata con caprichosa altanería. Un día, agobiada por la necesidad de dinero, Paulina le da setecientos florines y lo manda a jugar a la ruleta en su lugar. La suerte de momento le sonríe, pero cuando vuelve a tentarla lo pierde todo y cae en una especie de delirio en el que sueña con bolitas de ruleta. En torno al general se mueven dos aventureros: un hombre, Degrieux, y una mujer, Blanca, qué han sabido cogerlo entre sus redes, y esperan que reciba la herencia de una anciana tía enferma para apoderarse de ella. De improviso, llega la tía en persona, que, habiendo ido dispuesta a sanear aquel ambiente de jugadores, acaba por ser una fanática del juego y perder casi toda su fortuna. Los dos aventureros abandonan al general a su destino, pero la historia no hace más que complicarse, Alekse Ivanovic vuelve al tapete verde y gana una importante suma, pero primero el desdén de Paulina y después las malas artes de Blanca lo conducen a la ruina y acaba por convertirse en un jugador profesional. Astley, un inglés enviado por Paulina, enamorada de Alekse, trata en vano de salvarlo ofreciéndole los medios para volver a su patria; pero el desgraciado es incapaz de resistir la atracción de la ruleta.
En la novela, los diversos tipos de jugadores y la atmósfera de la sala de juego están descritos con impresionante y casi morboso realismo. El verdadero protagonista es el ambiente, que permite al escritor superar su acostumbrada minuciosidad en el análisis, para coger sus criaturas en el momento de mayor exaltación y retratarlas en pocos trazos. Es particularmente vivo el retrato de la vieja «babuska», la tía autoritaria y despótica, trastornada en los últimos años de su vida por la terrible experiencia del juego. [Trad, de Rafael Cansino Assens, en Obras completas, tomo I (Madrid, 1935), varias veces reimpresas.]
G. Kraisky

