El Jarama, Rafael Sánchez Ferlosio

Once amigos madrileños pertenecientes a una clase so­cial modesta —trabajan en cafeterías, granjas y fábri­cas— deciden pasar un soleado domingo de agosto a ori­llas del río Jarama. Dejan todas sus pertenencias en la ta­berna de Mauricio, donde los habituales parroquianos discuten sobre temas intranscendentes, beben y juegan a las cartas, bajan al río para bañarse, pasear, hablar y be­ber.

Al mediodía regresan a la taberna a recoger la co­mida, pero mientras comen se produce una pequeña pe­lea a causa de la falta de pareja de uno de los excursio­nistas, que intentan disimular su aburrimiento y fastidio. Por la tarde, los once jóvenes amigos se separan: un gru­po decide subir al jardín de la venta a bailar, y el resto prefiere continuar a orillas del Jarama.

A Lucita, la chi­ca más tímida del grupo, le apetece volverse a bañar pero sufre un desmayo y muere ahogada. Después de le­vantar el acta de defunción y depositar el cuerpo en el de­pósito del cementerio, donde deberán practicarle la au­topsia, el resto del grupo regresa a Madrid, totalmente so­brecogido, para continuar con su vida.