[Der Mann ohne Eigenschaften]. Vasta novela en tres tomos, del escritor alemán Robert Musil (1880-1942). Cuando murió en su destierro voluntario en Suiza, durante la guerra, había ya publicado los dos primeros volúmenes de la trilogía, el primero en 1930 y el segundo en 1933. Estos dos tomos sumaban casi ochocientas páginas. Pero el tercero, anunciado desde hacía mucho tiempo, no había sido concluido. Se han hallado varios fragmentos y se prevé una edición completa. El héroe de la novela es Ulrich, «el hombre sin carácter», o, más exactamente, el hombre desprovisto de caracteres particulares. Es uno de esos aficionados que no ignoran casi nada y que vive en un país que Musil llama la Kakarie, si bien es preciso aceptar que no disimula demasiado al antiguo imperio austro-húngaro. A pesar de la longitud de los dos volúmenes, la acción en ellos desarrollada es mínima.
En el primer tomo el autor se dedica a hacer una descripción (o más bien una libre interpretación) de la vida política de Austria- Hungría. Se está preparando una de esas fiestas políticas que tienen tanto de grandioso como de falta de significación y que tan frecuentes eran en la Viena anterior a 1914; para su organización se solicita la participación activa de Ulrich. Éste, sin embargo, está infinitamente más interesado por el destino de un condenado a muerte, aparentemente inocente. La política y la justicia, he aquí el tema en torno al cual se desarrolla este primer tomo, en el que encontramos diversos personajes en clave, cuya identidad histórica no es difícil descubrir (Rathenau, por ejemplo). El segundo volumen está señalado por el signo del amor. Junto al lecho de muerte de su padre, Ulrich encuentra de nuevo a una muchacha de extraordinaria belleza, Agathe, su hermana, a quien no había vuelto a ver desde su más tierna infancia. Ella le sigue, y sus extrañas relaciones constituyen el motivo central del libro. Amistad enamorada de una extraordinaria profundidad, ella constituye en el fondo la única relación humana en quien Ulrich se ve reflejado y comprendido. Las demás mujeres — Musil nos hace conocer tres de las amantes de Ulrich — sólo le satisfacen parcialmente; Agathe es la única que le retiene y apasiona. Ambos hermanos llegan a ser inseparables, y ellos mismos se califican de gemelos siameses de un nuevo género. La falta del tercer volumen impide el hallar una interpretación completa de la significación de todas las situaciones de El hombre sin carácter.
La obra sorprende amablemente por el estilo de extraordinaria finura y por la profunda psicología que aproximan el autor a Proust; sorprenden asimismo las discusiones que no parecen temer el abordar todos y cada uno de los temas más candentes de nuestra época. Todo ello envuelto en una atmósfera de nostalgia por el pasado, pues nuestro tiempo, a los ojos de Musil, «ha ganado en realidad todo aquello que ha perdido del imperio de la fantasía».

