[Der Schimmelreiter]. Cuento de Theodor Storm (1817-1888), publicado en 1888, en el que se narra la vida de Hauke Haien, sobre el trasfondo de un paisaje de la Frisia. El protagonista, que de simple criado, por la fuerza de su inteligencia y voluntad, luchando contra la superstición campesina, llega a ser «deichgraf», una especie de intendente general y a construir, contra la violencia impetuosa e irresistible del mar un sólido dique, representa la iluminada inteligencia del hombre, capaz de crear en la realidad del mundo unas obras inmortales. Elke, su mujer, colabora armónicamente en su vida con él con fe y amor silencioso, sacrificándose a sí misma en una austera melancolía que aumenta después del nacimiento de la pequeña Winkie, pobre criatura deficiente. En una noche de tormenta Hauke muere cabalgando en su corcel gris por el dique nuevo mientras el antiguo, cediendo al furor de las aguas, se derrumba matando a Elke y Winkie.
El viejo dique que los campesinos defienden ásperamente representa para el autor todo un mundo de supersticiones populares, que envuelve la realidad en misterio y poesía. Esta historia la narra el maestro de una aldea un siglo después de esta memorable inundación que tuvo lugar en 1856. El puro Hauke se ha transformado en la fantasía popular en el horrible fantasma del «hombre del caballo gris», anunciador de tormenta. Su iluminada inteligencia queda nublada por el demonismo. Hasta su bella oración, cuando Elke al dar a luz a Winkie está a punto de morir («Señor Dios, sé que tampoco Tú puedes siempre lo que quieres, tampoco Tú: Tú eres omnisciente y has de obrar de acuerdo con tu sabiduría») es interpretada, por la obtusa mente de los campesinos, como una blasfemia. Pero este velo de leyenda, que amortigua los contornos y nos deja inciertos sobre la realidad, llega a ser en Storm soplo de tempestad, lucha del hombre impotente, contra las inexorables fuerzas de la naturaleza en un clima áspero y perverso, donde no ríe el sol y el mar brama y nunca es azul. Es éste el último de los largos cuentos de Storm, y define bien al escritor en ese su característico modo nórdico, aunque no romántico, de sentir la naturaleza.
G. F. Ajroldi

