El Eremita, Jacob Michael Reinhold Lenz

[Der Waldbruder]. Novela epistolar incompleta, escrita en 1776, publicada por Goethe en 1797, en las «Horen» (v.), con el subtítulo: «El paralelo a las Cuitas de Werther del difunto poe­ta Lenz».

En el ermitaño Herz, el «hijo ilegítimo de una gran dama», el eterno «ca­ballero errante», el autor quiere retratarse a sí mismo, con su modo de vivir en un mundo fantástico e irreal, amando perdi­damente a mujeres nunca vistas y sola­mente soñadas o encarnadas en puras ilusio­nes. La condesa Stella, por la que Herz, loco de amor, huye del mundo y vive como eremita en un bosque, fue, en la vida del autor, Enriqueta von Waldmer. Desde su soledad, Herz continúa escribiéndose con su amigo Rothe, sabio y prudente conse­jero, lo que, precisamente, fue Goethe, para el autor. En torno a los personajes principales, sobre los que se centra la obra, hierven las habladurías provincianas, y co­rren las cartas entre la Schatouilleu —en la realidad, la señorita von Goechhausen— dama de corte, ligera y astuta que re­vela el secreto del pobre Herz, y Hones­ta, que parece ser Carlota von Stein, que refiere a su párroco, con humorismo y buen sentido, estas exaltaciones amorosas.

El asunto adquiere movimiento cuando Herz encarga a un pintor el retrato de Stella para llevarlo consigo a América, donde piensa trasladarse en busca de nue­vas emociones, según la aspiración tan cara a los románticos. Pero el retrato viene a caer en manos del amigo Rothe, que, para evitar complicaciones, no quiere entregarlo al coronel von Plettemberg, esposo de Stella. Por fin, el propio coronel y Rothe, devuelven el retrato al pobre Herz, y le acompañan al embarcadero, esperando que la distancia le cure de su pasión. Aquí ter­mina la novela, y no hay indicio alguno de cómo tenía que acabar. Por su estructura, la obra recuerda a la Nueva Eloísa (v.), mientras que el estilo más se parece al de Goethe, pero así como Goethe domina al propio «Sturm und Drang» superándolo poéticamente dentro de sí, Lenz se somete a él. Esta novela, como sus demás obras, a pesar de algunos destellos geniales, tiene más valor como documento humano que como obra poética.

G. F. Ajroldi