El Elixir de Larga Vida, Honoré de Balzac

[L´elixir de longue vie]. Curioso cuento publicado en 1830. Bartolomé Belvidéro, riquísimo nonagena­rio, está acabando su vida mientras su hijo Juan, en el mismo palacio, se divierte con amigos y cortesanas. El viejo hace llamar a su hijo, y le enseña un pequeño frasco que durante mucho tiempo ha guardado es­condido; siente que se aproxima su fin, y le pide que, apenas haya exhalado el último suspiro, le eche por la espalda todo el lí­quido que contenga, después de lo cual, resucitará.

La muerte llega, pero don Juan se guarda el frasco maravilloso; después, lleno de curiosidad, quiere hacer la prue­ba, y humedece con el líquido un ojo del cadáver; al instante el ojo revive y mira a don Juan con expresión de reproche, de condena y de odio. Don Juan sólo se tran­quiliza cuando sabe que su padre está en­terrado para siempre en la tumba. Se vuel­ve avaro y cínico, su vida es una continua burla a los hombres y a las cosas. A los sesenta años se establece en España y se casa con una andaluza. Cuando siente que pierde las fuerzas, llama a su único hijo, Felipe, y, fingiéndose gran pecador, le con­fía el milagroso frasco; le dice que contie­ne agua bendita y que, apenas esté muerto, la derrame por todo su cuerpo, con el fin de purificarlo.

Pero tal es el espanto del joven al ver el prodigioso renacimiento de los miembros humedecidos del cadáver, que deja caer el frasco y que se derrame el líquido, quedando así incompleta la obra de’ resurrección de su padre. Se habla de milagro y don Juan es venerado como san­to en los altares, desde donde vomita obsce­nidades y burlas sacrílegas que los fieles, crédulos, consideran como quintaesencia de divinidad. Si la concepción es más extrava­gante que original, el autor ha empleado un estilo a veces algo vulgar, pero brioso y libre, como las aventuras del escéptico y burlón don Juan.

M. Bonfantini