El Don apacible, M.A. Shólojov.

Dividida en cuatro partes (El don apacible, 1928; La guerra continúa, 1929; Rojos y blancos, 1933 y El color de la paz, 1940)

Narra las vicisitudes de Grigori Mélejov, un cosaco del Don ascendido a suboficial en el cur­so de la I guerra mundial, en el frente ruso-germano. Al estallido de la revolución está a favor de la abolición del zarismo, pero, enemigo de los bolcheviques, capitanea un grupo armado contra ellos en la Rusia meridional. Los blancos lo tratan con desconfianza y, tras la espantosa re­tirada del Kuban por orden de los generales blancos Deníkin y Wrangel, entre epidemias y masacres horrendas, Mélejov se da cuenta de que la causa de los blancos está perdida.

Decide no seguir los avances de los ejércitos con­trarrevolucionarios que se embarcan en Novorosisk rum­bo a Constantinopla; se queda y espera a los bolchevi­ques. Ingresa en la caballería del general Budionny y par­ticipa en la campaña de Polonia, pero su pasado de co­mandante de los rebeldes antisoviéticos lo hace sospecho­so y muy pronto es desmovilizado. Regresa a su aldea, administrada ahora por los comunistas. El presidente del soviet local, su cuñado y viejo amigo Mishka Koshevoi, lo recibe con hostilidad.

Amenazado y perseguido por los burócratas y por los políticos, escapa y se oculta, para acabar uniéndose luego a los cosacos que asaltan a los destacamentos rojos enviados a requisar vituallas: con él combaten los campesinos de la zona, que se muestran sin embargo incapaces de hacer frente al Ejército Rojo y son pronto derrotados.

Mélejov, después de siete años de lu­chas en todos los frentes, y de actos heroicos, heridas y privaciones, se encuentra solo, sin ninguna atadura, con­fuso y amargado: su mujer y sus padres están muertos, su amante asesinada, su casa semidestruida. Le queda su hijo: junto a él, en la tierra que lo vio nacer, comenzará una nueva vida. De este filón central brotan innumera­bles episodios, que confieren a la novela el aspecto de gran epopeya histórica sobre el telón de fondo de la in­finita estepa rusa.