El Círculo Mágico, Joan Puig i Ferrater

[El cercle mágic]. Novela del dramaturgo, narrador y pe­riodista catalán Joan Puig i Ferrater (1882- 1956). Se publicó en 1929 y el mismo año obtuvo el premio «Crexells» de novela ca­talana. Setecientas tupidas páginas para contarnos la historia de Hipólit Masdeu que, después de treinta años de residencia en América, vuelve a casa de su hermano Joan, propietario rural de un pueblo cercano a Reus. Teresa, la esposa de Joan, y Rosalía, hermana de aquélla, reciben con desagrado al indiano porque le creen pobre. Hipólit, para hacerlas sufrir luego con el desengaño, deja entender que es rico. Desde entonces toda la trama gira en torno a esa mentira vengativa, que acongoja el ánimo de Hipó­lit como una culpa grave. Los esposos Mas­deu dudan aún y no se atreven a abrir la misteriosa y desvencijada maleta del hués­ped donde sospechan que está la fortuna. Entretanto, Hipólit quiere confiar a alguien su angustia y resolver su problema. Prueba con varias personas y al fin lo hace con la prometida que dejó en el pueblo en la re­mota juventud. Más tranquilo, huye a Reus y juega desesperadamente; gana mucho, pero la pasión le pierde y al final las ganan­cias son menguadas.

Vuelve a casa cuando su hermano ha descubierto ya el secreto de la maleta. Hipólit, a pesar del asedio de los Masdeu, no confiesa y les deja aún en la duda. Con su poco dinero y después de ha­ber explicado su vida a su sobrino Janet, vuelve a Reus con el propósito de ganar otra vez en el juego y evitar así la confesión de su pobreza. Pero durante el camino se ahoga en una ciénaga. Tal es la acción central del libro, desarrollada en sólo cuatro días. Simultáneamente evoca las aventuras amo­rosas de Joan, la génesis de la personalidad y de las inquietudes de Janet, las largas tertulias en casa del farmacéutico y nos sa­tura «de pura presencia de sus personajes», perfilando sus aristadas figuras. La fecun­didad del novelista tiene algo de desorbita­do, de teratológico. Su estilo es vigoroso y tupido. Cuenta historias incidentales que son en potencia otras tantas novelas. Es notoria en este libro la influencia de los personajes de la novela rusa con sus pasiones leales o cínicas, su pesimismo y su apego a la tierra. A veces los personajes son asaltados por sus recuerdos y entonces se suceden in­terminables páginas de monólogo interior o debates sobre problemas sexuales, religiosos o sociales.

A. Manent