El Arbitraje, Menandro

[Los que se someten a un arbitraje]. Comedia de Menandro (343-292 a. de C.), de la cual nos han conservado los papiros egipcios cerca de 600 versos. El título se refiere a una disputa entre dos esclavos: Davo ha encontrado un niño abandonado, y poco después lo ha cedido a Sirisco para que lo críe, guardándose, sin embargo, unas joyas que el expósito llevaba encima e indica­ban su origen de familia rica. Sirisco, que se ha enterado de esto, reclama también las joyas, y como no pueden ponerse de acuer­do, se remiten al arbitraje de un hombre honrado, Esmicrino.

Toda la escena está desarrollada con la precisión de un pleito judicial, y se concluye con la sentencia de Esmicrino; las joyas pertenecen al niño y deben por lo tanto ser entregadas a Siris­co. Esmicrino tiene una hija, Pánfila, la cual, casada con Carisio, ha sido repudiada por éste al enterarse de una caída de ella y de un niño hecho desaparecer poco después del matrimonio. Ahora bien, un criado de Carisio, Onésimo, reconoce entre las joyas que ha guardado Sirisco un ani­llo que su amo perdió en la fiesta de las Tauropolias, en las cuales había seducido a una muchacha desconocida. Por otra par­te, una flautista, Abrótonos, con la cual Carisio se ha unido por despecho hacia su mujer, habiendo tomado parte en la misma fiesta, y sido casualmente testigo de la se­ducción, reconoce precisamente en Pánfila a la muchacha ofendida por Carisio. Éste, enterado de lo sucedido, siente remordi­mientos y aunque falta el final de la co­media, es fácil comprender que el enredo se soluciona a satisfacción de todos.

Cari­sio vuelve a tomar en su casa a su mujer con su hijo recuperado, esto es, con el niño recogido por Davo y Sirisco y concede la libertad a Abrótonos, principal causante del reconocimiento. Los elementos de la intriga son los usados en la nueva comedia ática; la seducción en una fiesta, el niño expósito, el reconocimiento, etc., pero los fragmentos que han quedado muestran la agilidad con que el escritor los sabe com­poner. La caracterización de los persona­jes mayores y menores, obtenida con fi­nura de observación psicológica y expre­sada con garboso estilo, es indicio de un arte refinado y al mismo tiempo humano, a pesar de no salirse el autor de los tipos y las escenas tradicionales en este género de teatro. El conocido juicio que definió parte de Menandro como un «espejo de la vida» halla confirmación en los recientes hallazgos de su obra; sin embargo, conviene observar que la vida reflejada por el poeta es la limitada y convencional de la bur­guesía ateniense del siglo IV a. de C.

A. Brambilla

Menandro ha expresado la imagen misma de la vida humana, tal es la fecundidad de su ingenio en la invención y la facilidad de su estilo en la elocución, cuando sabe acomodarse a toda clase de cosas, de per­sonas, de sentimientos. (Quintiliano)