El Anillo de Amatista, Anatole France

[L’anneau d’améthyste]. Novela de Anatole France (François Anatole Thibault, 1844-1924), pu­blicada en 1899, tercera de la serie de la historia contemporánea (v. El olmo del pa­seo, El maniquí de mimbre y El señor Bergeret en París). El tema de la vida de una ciudad provinciana vista y juzgada a través de los discursos y las opiniones de la mali­ciosa cordura del profesor Bergeret (v.), el humanista filósofo, está desarrollado tam­bién aquí con el espíritu mordaz y agudo y con la brillante maestría ya demostrados por France en los dos primeros libros de su tetralogía. Sólo que el relato tiende ya a salir del ambiente ciudadano. Junto a los personajes aprovechados anteriormente, que representan el gobierno, la cultura, la bur­guesía, toman mayor relieve otras figuras que nos transportan sobre todo al ambiente de la aristocracia y de los grandes nego­cios.

En la capital ha estallado el famoso escándalo judicial que bajo el nombre de «Affaire Dreyfus» debía apasionar a toda una generación, dividiendo Francia en dos campos, y oponiendo la idea liberal laica y sin prejuicios a los ideales conservadores y reaccionarios. Con el duque de Brécé penetramos en el cerrado ambiente de la aristocracia del campo, legitimista; mien­tras con la baronesa de Bonmont, israelita vienesa convertida al catolicismo, viuda de un gran financiero ennoblecido por el di­nero, estamos en el mundo de la alta finanza que se introduce en todos los engranajes y tiende a apoderarse de todos los resortes de mando del gobierno de la Tercera Re­pública. Incluso los temas principales y los momentos decisivos de la vida social del país entero no figuran nunca en primer plano en el relato, sino que están vistos al sesgo, como con imprevistos sondeos. La narración se dilata por ello en los últimos accidentes y la conclusión de la lucha por el obispado de Tourcoing, entre el rector del seminario Lantaigne y el abate Guitrel, en la que triunfa Guitrel influenciando la decisión del Ministerio de Cultos por medio de tres damas: la hábil mujer del prefecto Worms-Clavelin, la deliciosa y despreocupada Madame de Gromance y la bella baronesa de Bonmont, cada una de las cuales se mueve a su favor por dife­rentes ambiciones.

Las relaciones entre el alto clero, la antigua nobleza legitimista y la nueva fuerza triunfante del dinero, es­tán así iluminadas con epigramática agu­deza, mientras la ambigua y pintoresca figura del amigo de la baronesa, el brillan­te aventurero Raoul Mercien, ilumina las intrigas y las ideas del partido militar. El buen Bergeret, entre tanto, liberado ya de la indigna consorte, ha sido nombrado ca­tedrático; prepara la nueva casa para la llegada de su hija Paulina y de su hermana Zoé (enérgica y afectuosa solterona que ha decidido ir a vivir con él), y encuentra modo de obviar a su melancólica soledad entablando una nueva amistad con el pe­rrito Riquet (gracioso episodio que se ofre­ce al hábil France para escribir algunas de sus páginas más penetrantes y garbo­sas). Pero el animoso filósofo, siempre apa­sionado por todo contraste de ideas, ha to­mado partido en la gran lucha que está dividiendo al país: es una de las cinco personas de la ciudad que se han declarado favorables a la revisión del proceso Drey­fus y se enfrenta serenamente con la re­probación general sin dejar de comentar con su acostumbrado ingenio los sucesos. Al empezar el nuevo año académico, el profesor Bergeret recibe un inesperado premio a su obstinado y genial trabajo de humanista y de filólogo: es llamado a la Universidad de París, y el cuarto volumen de la Historia contemporánea contará sus nuevas experiencias en la capital. [Trad. española de L. Ruiz Contreras (Madrid, sin fecha)].

M. Bonfantini