El Altar de la Victoria, Briússov

[Altar’ pobedy]. Novela del escritor ruso Briússov [Valerij Jakovlevic Brjusov] (1873-1924), publicado en 1913. La acción se desarrolla en el siglo IV d. de C. en torno a las aven­turas del joven Junio que se dirige a Roma para estudiar retórica y filosofía. Ardiente defensor del antiguo Olimpo romano, el joven vive en casa de un tío senador; por una parte cede a la fascinación femenina, por otra sufre la influencia de los conspi­radores que tratan de suprimir al empera­dor Graciano, quien, por sugerencia del obispo Ambrosio, quisiera extirpar el pa­ganismo y ha hecho quitar del Senado el «Altar de la Victoria». Volver a colocar el altar en su sitio y sofocar la odiosa doc­trina de Cristo: eso es lo que quieren los enemigos del emperador. Ayudado por dos mujeres — una es un demonio de ambición y de perfidia, la otra, secuaz de las tradi­ciones proféticas —, Junio consigue pene­trar en el palacio del Emperador, pero es descubierto y encarcelado.

Libertado mila­grosamente, vuelve a emprender la lucha, participa en las ceremonias de los secuaces del Anticristo y de nuevo, casi por mila­gro, se salva de la muerte para asistir al asesinato de Graciano y a la elección como emperador del rudo Máximo. Si bien la conclusión sobre la invencibilidad del cris­tianismo resulta evidente, el escritor no tiende precisamente a ello, sino que, con fría indiferencia de esteta y de historiador, pinta la época, poniendo de relieve virtudes y defectos tanto de los cristianos como de los paganos. La lucha entre las dos creen­cias sirve por otra parte de telón de fondo para innumerables vicisitudes que revelan un minuciosísimo conocimiento de la vida del siglo IV d. de C. El mayor interés de la novela radica sobre todo en dicha recons­trucción, síntoma sin embargo, en un poeta exquisito como Briússov, de la decadencia de sus fuerzas creadoras. Hay que advertir, en fin, que la novela, escrita en el período comprendido entre las dos revoluciones ru­sas de 1905 y de 1917, refleja en la figura del emperador Graciano la imagen espiri­tual de Nicolás II y la atmósfera política y moral de su corte.

E. Lo Gatto