El Actor Romano, Philip Massinger

[The Román Ac­tor]. Tragedia inglesa en cinco actos, en verso, de Philip Massinger (1583-1640), re­presentada en 1626, publicada en 1629, con­siderada por el poeta como «la criatura más perfecta de su minerva». El cruel y licencioso emperador Domiciano se ena­mora de Domicia, esposa del senador Elio Lamia, se la arrebata por la fuerza, se casa con ella sin que la mujer ofrezca demasiada resistencia y se muestra enamo­radísimo. Elevada a emperatriz, Domicia se muestra codiciosa y desenfrenada; se apa­siona por el actor Paris, quien con cautela trata de negarse a las proposiciones de ella y cede sin amarla, sólo porque comprende que la negativa equivale a perder la vida. El actor recita ante la emperatriz una es­cena en la que debe amenazar con matarse y la recita tan bien que Domicia se trai­ciona. El emperador sorprende a su mujer con Paris y urde la venganza. Paris recita­rá con el propio Domiciano una escena en la que el actor representará el papel de un siervo infiel y el emperador el del amo ofendido. Llegado el momento de la esce­na, en lugar de fingir que da muerte al siervo, Domiciano apuñala de verdad a Pa­rís, matándole. Pero le falta valor para castigar a Domicia.

Ella se aprovecha y toma la iniciativa: trama un complot con las damas de palacio y matan al emperador. Do­micia pagará con la vida, pero el tirano ha muerto. En esta tragedia, como en otras, Massinger hace grandes concesiones al gus­to del público, ya situando la acción en un ambiente histórico, ya recurriendo rei­teradamente al truco escénico de una re­presentación dentro de otra, pero no es eso lo que le interesa. Por la pintura de la Roma imperial, recuerda al Seiano (v.) de Jonson; pero en tanto éste trata de recons­truir el cuadro histórico con erudición de profesor, Massinger se limita sólo a lo ab­solutamente necesario para un sumario co­lorido escénico. La parte viva de la obra está en los momentos en que presenta a Paris, ya cuando discute con los compañeros sobre su arte en el que cree profunda­mente y que practica con entusiasmo, ya cuando ha de defenderse ante el Senado de la acusación de haber hecho en la escena alusiones ofensivas para el Estado.

S. Rosati