Dramatis personae, Robert Browning

Volumen de poesías publicado en 1864. Es una de las principa­les obras de Browning, y comprende, entre sus cosas mejores, El Abate Vogler (v.), Rabbi Ben Ezra (v.), Prospice (v.), además de unos monólogos en los que crea perso­najes para interpretar sus caracteres, si­guiendo la manera ya empleada en Hom­bres y mujeres (v.). Con menor riqueza de color y quizá mayor potencia de com­prensión, y con su conocida originalidad, el poeta canta el amor en algunas de sus poesías más importantes («La mujer de Ja­mes Lee», «Juventud y arte», «Confesio­nes»). En estas dos últimas aparecen modos casi narrativos, pero no por ello carecen de aliento lírico.

En la creación poética de figuras del pasado, el poeta, con menor recurso a lo grotesco y a lo raro que en sus cosas de juventud, se introduce en el ánimo de sus personajes, les infunde ver­dadera vida, poética y humana, considerándolos de aquella manera suya especial, como de psicólogo y de curioso de toda sensación; y nos hace pensar en un gran aficionado que de vez en cuando alcanza la excelencia, con un particular fondo de sabiduría y de comprensión, expresándose con la rareza y la complejidad propias de su temperamento.

En la «Teología de Ca-libán» [«Caliban upon Setebos»], los proble­mas agitados son todavía más complejos y universales; el Calisbán (v.) shakespeariano piensa en su dios Setebos, se imagina que creó el mundo por gusto, dispuesto a destruirlo en cuanto le dejara de gustar, y se pregunta por qué lo atormenta, por qué el creador es peor que su criatura. Quisiera dejar de adorarle, pero una tempestad le espanta y vuelve a dirigirse a Setebos. Hay aquí un pesimismo que no es habitual en Browning, una especie de «teología blasfe­ma» (Chesterton). En el «Señor Sludget, el médium» [«Mister Sludge, the Médium»] Browning parte de un hecho (el vulgar descubrimiento de los trucos de un mé­dium) para hacer unas consideraciones so­bre el espiritismo y las humanas verda­des de un hombre honrado, que, en verdad, no siempre sabe liberarse de convenciones y fórmulas.

Las estaciones, el tiempo, el declinar del año, el amor que nace y muere, motivos de toda su poesía, son sentidos en la «Mujer de James Lee» con un espíritu de novedad que se detiene principalmente so­bre el demasiado amor, sobre el «amar de­masiado bien». En las poesías amorosas Browning considera el amor como la supre­ma posesión de sí mismo y como una re­velación del mundo, que se realiza por un milagro y que prueba el carácter de quien ama.

A. Camerino

Fue un pensador, y seguramente era un hombre que pensaba siempre, y siempre en voz alta; pero no era el pensamiento lo que le encantaba, sino los procesos por los cuales se mueve el pensamiento . (Wilde)