Doña Luz, Juan Valera

Novela del escritor español publicada en 1879. En el lugar de Villafría y en la casa de don Acisclo, el antiguo administrador de los bienes de su padre, vive doña Luz la paz de su vida. Su hermosura y la no­bleza y serenidad de su alma la convierten en el centro espiritual de aquella pequeña población andaluza.

Ella sabe repartir sus horas de oración con sus ratos de ocio y de tertulia con sus amigos: doña Manolita, su íntima, graciosa y vivaz, prototipo andaluz, de quien la gente decía que tenía el cuerpo lleno de culebras, y su marido Pepe Güeto; don Anselmo, el médico, padre de doña Manolita, de ideas positivistas, personaje característico de las novelas de Valera; el cura, de una inocencia portentosa; don Acisclo, su protector, que se enriqueció — honradamente, según él mismo — admi­nistrando los bienes del marqués de Villa- fría. De la vida aventurera de su padre el marqués, poco sabe doña Luz, excepto la seguridad de su propio origen ilegal y su ruina definitiva.

Acontece la llegada al lugar del padre Enrique, pariente de don Acisclo. El padre viene de Ultramar para descansar un tiempo en Villafría, y precede a su persona una gran fama de santidad y sabiduría. Entre él y doña Luz nace una amistad íntima y afectuosa. El religioso pronto se da cuenta de que lo que él sien­te es una gran pasión hacia la dama. Doña Luz, por su parte, apenas osa confesarse a sí misma, al principio, la naturaleza de su afecto y acalla las sospechas, hasta que las insinuaciones de doña Manolita le hacen ver el fundamento de éstas. Se plantea así una situación típica en Valera: la lucha entre el amor divino y el amor humano, que hallamos en Pepita Jiménez (v.) y en otras obras, y que reviste aquí unos caracteres más trágicos. Entre tanto, don Acisclo, con el fin de crearse un prestigio social pro­porcionado a su situación económica, decide dedicarse a la política.

Ello motiva la lle­gada a Villafría del flamante diputado don Jaime Pimentel, caballero aparentemente de gran discreción y de claro porvenir. Don Jaime .se enamora de doña Luz y ésta le corresponde porque, por las cualidades que cree hallar en él, le parece el hombre digno de su amor. Además ello significa una solución para la crisis de su alma ocasionada por las sospechas sobre el Padre Enrique. Éste vive y sufre en silencio la aguda pasión, en el dilema entre el amor a Dios y el amor a doña Luz, que agrava su enfermedad y lo conduce a la sepultura. En el momento de su agonía» doña Luz se acerca al lecho y besa vehementemente al enfermo, con la se­guridad absoluta de que aquel hombre la ha amado. Un tiempo después se aclara el mis­terio del origen de doña Luz, debido a la muerte de su madre, una ilustre dama de la corte, que la deja heredera de una gran fortuna. Don Jaime, hijo de uno de los amigos del marqués, conocía el secreto y de esta manera consiguió realizar un matrimo­nio ventajoso. Desde su boda vivía en Ma­drid y tenía olvidada a doña Luz en Vi­llafría.

El amor del Padre Enrique pasa a simbolizar, pues, para ella, el amor puro, sublime y desinteresado que ella esperó siempre y para el que preparó su vida. Una carta, entre los papeles del difunto fraile, revela a doña Luz toda la verdad. Ahora todo su deseo de amor revertirá sobre el hijo que espera. La estructura y el estilo de la novela acusan la perfección y el gran sentido de inteligencia propios de Valera. La figura de doña Luz, a lo largo de la obra, está trazada con tan admirable so­briedad y maestría que la convierten en uno de los caracteres mejor dibujados de la literatura española. El concepto que del amor tiene Valera y su gran conocimiento de los problemas psicológicos, contribuyen a la configuración definitiva de esta novela admirable.

A. Comas

La materia de Juan Valera es el oro. Esto no pasa de moda… Creo sinceramente que nunca, como bajo la pluma de este hombre, ha recibido el castellano, sonidos tan puros. Los clásicos del siglo XVII son, seguramente, más sabrosos; más puros, no. (Eugenio d’Ors)