Novela publicada en 1879. En un pueblo de la Montaña de Santander, a mediados del siglo pasado, cuando en el resto de España rugen rabiosas y crueles las luchas políticas, reina una paz arcádica. El mérito de esta agradable excepción es debido en su mayor parte a don Román Pérez de la Llosía, un señor local que, llegado a los umbrales de la Universidad, en un proceso especialmente grato a Pereda, ha preferido dejar las Pandectas para dedicarse a la administración de las tierras familiares. Lleva al pueblo el fermento maligno Lucas del Robredal, un estudiante confinado allí por sus ideas avanzadas.
Éste no es más que un idealista confusionario, pero su acción encuentra un elemento de fuerza en el hijo de un escribano borrachín local, que se ha enriquecido en América y que, de vuelta a su patria, ha convertido el humilde apellido paterno de González en el rimbombante que da el título a la novela. El «indiano», primero por sentirse algo limitado con la dictadura benévola de don Román, y luego porque no consigue casarse con su hija Magdalena, se convierte en el sustentador y financiero de las actividades revolucionarias de Lucas. Pero los que verdaderamente se benefician del nuevo orden que ambos consiguen fácilmente crear, son los dos pillos Patricio y Gildo Rigüelta, padre e hijo, que consiguen sacar dinero de la «revolución» inspirada por el idealista calavera y por el indiano pomposo y vengativo.
Después de una crisis sangrienta el orden vuelve al pueblecillo de la Montaña, para completa ventaja de don Román, que sabe mostrarse generoso incluso con los adversarios. Hombre de derechas, Pereda lucha en esta novela por sus ideas y el delicioso cuadro irónico de costumbres locales sufre algo por el prejuicio político afirmado harto abiertamente, incluso porque la sátira de las costumbres políticas suele ser demasiado sencilla y expedita; pero el novelista español sabe situar y mover sus personajes con una maestría casi única en el cuadro de la novela española del siglo XIX.
A. R. Ferrarin

