En Italia hay que recordar el poema en doce cantos, en dialecto siciliano, Don Chisciotti e Sanciu Panza, de Giovanni Meli (1740-1815), compuesto, según parece, en sólo dos años (1785-1786). El poema no debía ser, según la intención del autor, y en realidad no lo fue, una directa imitación de la célebre novela española, aunque de vez en cuando se encuentran varios episodios de pura derivación cervantina, pero modificados y transformados de modo que adquieren una relativa originalidad.
En su don Quijote, Meli se propuso retratar a dos amigos suyos, hombres doctos, pero que vivían de fantásticos espejismos, fuera de la realidad, y en Sancho Panza a sí mismo, con sus vulgares aspiraciones y con aquel buen sentido común que, según .Meli, debería ser la meta principal de todos los hombres cuando quieren pasárselo lo menos mal posible en este mundo. Siendo, pues, el poema la apología larvada de este buen sentido/ es natural que Sancho tenga aquí una parte preponderante y sea casi su verdadero protagonista.
Pero Sancho (Meli no fue jamás un verdadero creador de caracteres) acaba siendo un portavoz del poeta y no una figura realmente viva, como resulta claro no sólo de^ los ideales que le inspiran y del modo idílico como ve la vida y los hombres, sino del hecho de que se convierte, a la vez, en el expositor y el intérprete del pensamiento del poeta, tal y como éste hubo de exponerlo, más tarde, en las incisivas Riflessioni sullo stato presente del Regno di Sicilia intorno all’agricoltura e alla pastorizia [Reflexiones sobre el estado actual del reino de Sicilia en relación con la agricultura y la ganadería] (1801); en esta obra, Giovanni Meli, abriendo finalmente los ojos en sus últimos años a la dura realidad, nos da un terrible cuadro de la mísera vida de los campesinos y pastores sicilianos de aquel tiempo, como para contraponer estas lúgubres páginas, en un repentino ataque de acerbo remordimiento, a la alegre representación arcàdica que, en su juventud, había dado en la Bucólica (v). También el presente poema abunda en interesantes episodios, pero carece de un conjunto vigoroso, dejando a un. lado que el dialecto siculotoscano empleado por el autor sabe demasiado a aceite de candil.
A. Di Giovanni
* Muchísimas son también las obras musicales inspiradas en el Quijote. En el siglo XVII apareció en Inglaterra La historia, cómica de don Quijote [The comical history of don Quixote], trilogía de Thomas d’Urfey, musicada en los años 1694-1695 por Henry Purcell (16589-1695) con la colaboración de Courteville, Eccles, Pack y Morgan. Otras numerosas composiciones aparecieron, en los siglos siguientes: la ópera Don Chisciotte in Sierra Morena de Francesco Bartolomeo Conti (1682-1732); la obertura Don Quichotte de Georg Philipp Telemann (1681- 1767); la ópera Don Chisciotte (1727) de- Giovanni Alberto Ristori (1692-1753); el baile Don’ Quichotte (1743) de Joseph Bodin Boismortier (1691-1765); la ópera homónima de Daniel Treu (1695-1749); las óperas Don Chisciotte della Mancia de Giovanni Pai- siello (1740 – 1816), estrenada en. Módena en 1769, de Nicola Piccinni (1728-1800), Nàpoles, 1770, y de Antonio Salieri (1750- 1825), Viena, 1771; el melodrama Don Quixote de Franz Spindler (1759-1819), Breslau, 1797; las óperas de Angelo Tarchi (1760-1814), París, 1791; de Ditters von Dittersdorff (1739-1799), Oels, 1795; el ballet de «Wenzel Gáhrich (1794-1864). También Save- rio Mercadante (1795-1870) escribió una ópera, Don Chisciotte, representada en Lisboa en 1829. Siguieron la ópera de Alberto Mazzuccato (1813-1877); Die neue don Quixote de Stanislav Moniuszko (1819-1872); la ópera bufa en un acto Don Quichotte de Fmile Passard (1843-1817), París, 1874; la opereta Don Quixote de Max Weinzierl (1841-1898), Viena, 1879, y la pieza característica Don Quixote, op. 87, de Anton Rubinstein (1829-1894).
* De las óperas más recientes, citemos el Don Quijote de Jules-Émile Massenet (1843- 1912), sobre un libreto que Cain sacó de un argumento de J. Le Lorrain. En su obra Le Lorrain había convertido a Dulcinea en camarera, al caballero en un elocuente predicador y a Sancho en una especie de propagandista del socialismo. El libreto carece de valor y la música es bastante pobre, muy inferior a la celebridad de su autor.
E. M. Duflocq
* En 1898 Richard Strauss (1864-1949) compuso un poema sinfónico para gran orquesta titulado Don Quixote; consta de una introducción, diez variaciones en que se recuerdan algunos episodios de la novela, algunos vagamente y otros con todas las sugestiones veristas e imitativas de la orquesta, y un final.
* Entre otras hay que mencionar también la opereta Don Quixote de Reginald de Koven (1859-1920), Boston, 1889; la ópera homónima de Anton Beer Walbrunn (n. 1864), Munich, 1908; la trilogía Fausto, Don Quijote y San Framcisco de Asís de Charles Tournemire (1870-193í\); la ópera Don Kijote (1917) de Emil Abranyi (n. 1882), y la ópera bufa Mademoiselle Don Quichotte de Paul Pierné (n. 1874).
* Finalmente, recordemos la comedia lírica de Ventura de la Vega con música de F. A. Barbieri, Don Quijote de la Mancha, estrenada en 1861; la zarzuela La ínsula Barataría, de Luis Mariano de Larra, con música de Emilio Arrieta, estrenada en 1864; la comedia lírica de Carlos Fernández Shaw y música de Ruperto Chapí, La Venta de Don Quijote, estrenada en 1902; la opereta de Jacinto Grau y Adrián Gual, con música de P. E. de Ferrán, Las bodas de Camacho, estrenada en 1903, y, especialmente, la origi- nalísima obra El retablo de Maese Pedro (v.) ópera’de títeres, a tres voces y orquesta, del gran compositor Manuel de Falla.
* El Quijote ha sido llevado, con más o menos fidelidad, a la pantalla. Entre las numerosas versiones consignemos la primera, efectuada en 1902 y dirigida por Ferdinand Zecca y Lucien Nonguet; la dirigida en 1932 por C. W. Pabst, en doble versión inglesa y francesa, en la que la figura del héroe fue interpretada magistralmente por Chaliapine; finalmente, la más reciente, dirigida por V. Konzintzec e interpretada por Nicolai Cherkasov (1957). Entre las de menor interés recordemos la danesa de Lau Lauritzen (1926) y la española de Rafael Gil (1947), en la que el protagonista es Rafael Rivelles.
* La figura de don Quijote inspiró también a muchos pintores; entre las obras más notables figuran la tela de Rodríguez de Miranda (Prado), las ilustraciones de Gustave Doré, Pablo Picasso, Urrabieta Vierge, Salvador Dalí, Teodoro Miciano; algunos aguafuertes, cuadros y dibujos de Honoré Dau- mier, las xilografías de C. E. Ricart, etc.

