Adrián Leverkühn, nuevo Fausto que reúne en sí las dotes de tres artistas tales como Berlioz, Nietzsche y Schónberg, músico y teólogo, ha hecho un pacto con el demonio para afinar excepcionalmente su sensibilidad. Pero después de haber compuesto un fragmento de música dodecafónica, que rompe con las tradicionales leyes musicales y se anticipa a los tiempos (la composición se titula Lamentatio doctoris Fausti e intenta contraponerse en un sentido negativo a la novena sinfonía de Beethoven), en el momento de darlo a conocer a los amigos enloquece.
A través de estas vicisitudes personales aparece narrada la odisea de un pueblo que, al aliarse con el espíritu del mal por un ansia desenfrenada de poder, propició su propia catástrofe.

