Divagaciones, Stephane Mallarmé

[Divagations]. Colección de prosas y última obra publicada bajo su cui­dado en 1897, por Eugéne Fasquelle, en la «Bibliothéque Charpentier a 3 fr. 50 el vol.» (en 12.o 380 pp.). Esta edición compren­de diez capítulos: «Anécdotas o poemas», «Volúmenes sobre el Diván», «Algunos me­dallones o retratos en pie», «Ricardo Wagner, fantasía de un poeta francés», «Dibujado en el teatro», «Crisis del verso», «En cuan­to al libro», «El Misterio en las Letras», «Oficios», «Grandes hechos diversos».

Es ésta la más densa obra de las aparecidas en vida del poeta, que reunió en ella los textos que apreciaba más; no obstante, al dorso del falso título, y al final de la lista de sus publicaciones anteriores, se lee: Aparecerán Otras Divagaciones [Divagations autres]; y el autor defiende que no se trata sino de un ir de mal en peor, en esta frase melancólica: «Un libro como yo no lo que­rría, estos trozos esparcidos y privados de arquitectura». En realidad esta colección de procedencia heterogénea es, hasta la monu­mental edición de las Obras Completas apa­recida en 1945, publicada por Henry Mondor y G. Jean-Aubry en la «Bibliothéque de la Pléiade» (Gallimard), la suma indis­pensable y única accesible en las librerías de la producción de Mallarmé en prosa.

Llegó, felizmente, a completar sus Páginas [Pages], reunidas en 1891 por Edmond De- man, en Bruselas, pero sólo para alegría de los bibliófilos, y el célebre, pero suma­rio florilegio de Verso y prosa IVers et pro- se ], que ha sido indefinidamente reeditado después de 1893, por la Casa Perrin. No se sabría definir con propiedad el alcance de la palabra «divagaciones»; pero ciertamente no le atribuye aquí el autor su sentido co­rriente, derivado del verbo divagar; Mallar­mé se había servido de ella en repetidas ocasiones para designar diversos ensayos perfectamente determinados: «prefacio» en el Tratado del Verbo [Traité du Verbe] de René Ghil, Relativamente al verso [Relativement au Vers] y Ceremoniales [Ceremonials], textos ya incluidos en las Páginas y en Verso y prosa.

A lo más se podría aplicar — y en tal caso sin menor inten­ción peyorativa o simplemente irónica — a los admirables poemas que constituyen el primer capítulo, indiscutiblemente lo mejor del volumen; pero nada de «vago» ni aún de «extravagante», puede notarse en estos doce fragmentos que se reunieron por vez primera en las Páginas de los que ya él había hablado y de los que la mitad habían sido compuestos desde 1864, en la época en que el poeta enseñaba el inglés en Tour- non. (Retengamos de sus poemas en pro­sa: «El fenómeno futuro», «Escalofrío de Invierno», «El demonio de la analogía», «La declaración extranjera» y el admira­ble «Nenúfar blanco»). En cuanto al resto del volumen lo componen un conjunto de reflexiones dedicadas a la crítica litera­ria, la crítica musical y consideraciones de orden estético, estas últimas, es preciso reconocerlo, de difícil comprensión con fre­cuencia.

La sutileza infinita del pensamien­to, no es, por lo demás, la única dificultad para la comprensión de este texto: una sintaxis extraña, elíptica, cargada de inci­sos e inversiones, para expresar ideas abs­tractas en la mayor parte de las ocasiones, hace fatigosa la lectura en muchos pasajes. Pero entre estas semitinieblas surgen los rayos resplandecientes que compensan nues­tro esfuerzo: tal sucede por ejemplo en los comentarios sobre los «Ballets», en el ma­gistral estudio sobre Wagner, en la emo­tiva evocación de Villiers de Isle-Adam, de Verlaine, y aún de Rimbaud. Es en cier­tas páginas de las Divagaciones (sobre todo en aquellas que tratan de la Música, del Verso o del Libro) donde Mallarmé ha desarrollado de modo más explícito su con­cepción sobre el poeta: si se está acos­tumbrado a ver en él —y con justa ra­zón — la expresión más acabada de la teoría simbolista, no se dudará que el autor de Un coup de dés jamais n’abolira le hasard, ha dado, al amparo de tal exposi­ción, una definición de los más importan­tes, verdaderos elementos fundamentales y eternos de toda poesía.