Diario de un burgués de parís en tiempos de Carlos VI y Carlos VII

[Journal d’un bourgeois de París]. La obra, anónima, compuesta en forma de crónica desde 1405 a 1449, y publicada por primera vez por La Barre en un volumen de Mémoires pour servir á l’histoiré de France et de Bourgog- ne en 1729, ha sido, después de las edicio­nes de 1836 y 1860, reimpresa con notas, tras confrontar los manuscritos, por Alexandre Tuetey en 1881 y por André Maury en 1929. Fue primero atribuida a un tal Jean Beaurigout, cura de Saint-Nicolas- des-Champs, y después a Jean Chuffat, ca­nónigo de Nótre-Dame y rector de la Uni­versidad; ante la duda, hoy se piensa sola­mente en un «hombre de ciencia» («clerc») de la universidad, según declara el propio autor.

Es uno de los documentos más inte­resantes para comprender el estado de la sociedad francesa en la primera mitad del siglo XV, por la transformación de la mo­narquía, los abusos de la nobleza, el as­censo de la burguesía y un desacuerdo cada vez mayor entre las creencias y las cos­tumbres, el lujo y las prácticas religiosas. Todo es ofrecido, desde las modas del ves­tir hasta la lectura de los clásicos, desde las prácticas de justicia hasta la diplomacia y la guerra: el escritor, que anota día por día los acontecimientos que presencia o los que le cuentan, puesta sobre todo la vista en la Borgoña y en su acción en el juego de las fuerzas de Francia, deja sentir su estupor ante varios acontecimientos, desde el reinado de Felipe de Valois hasta la mi­noría de Carlos IV: abusos de la regencia, mísera condición del pueblo abrumado de impuestos y castigado con prisiones y suplicios, correrías, asesinatos, revueltas, «armagnacs» en bandas armadas, procesio­nes, predicadores populares y a la vez heréticos, decapitaciones, paso de forasteros _ espectáculos religiosos: todo aparece en la policroma narración del cronista, que relata los acontecimientos entregándose a la esperanza de una era más feliz. Pero en su Diario, que comienza poco después de la muerte de Luis de Orleans y termina la víspera de la conquista de la Guyenne que cierra definitivamente la guerra de los Cien Años, la materia es verdaderamente excepcional para comprender la transformación social del Estado francés. La propia narración, rápida, desconcertante, cuando pasa del relato de una matanza a la de una. boda o de una fiesta religiosa, hace servir el dramatismo de una conciencia que de todo da testimonio y fija para siempre una verdad imborrable. Justamente por su vigor descriptivo y por la eficacia en la -presentación de los asesinatos y de los recesos macabros es una obra notoria en la litaratura de su siglo y justifica el interés que ha despertado entre los historiadores, comenzando por El Otoño de la Edad Media (v.) de Huizinga.

C. Cordié