Desorden y Dolor Precoz, Thomas Mann

[Unordnung und frühes Leid]. Es una breve novelita del gran escritor alemán Thomas Mann (1875-1955), aparecida en 1926, uno de aquellos cuadritos de vida familiar bur­guesa, en que el aristocrático narrador y ensayista sobresale por la mesurada armonía de proporciones, inmediata viveza de representaciones, finura psicológica que al­canza algunas veces el virtuosismo analíti­co, cinceladura estilística.

Aquí, en el círcu­lo familiar del profesor universitario Cornelius, se reconocen fácilmente al autor y su familia: tiempo de inflación después de la primera guerra mundial, en el ambiente burgués de Munich. Pese a las críticas condiciones económicas del momento y a las dificultades para mantener el tren de vida al nivel tradicional, los hijos mayores del profesor, Ingrid, que está terminando sus estudios en el liceo y aspira a ser actriz, y Berto, bohemio, enemigo personal de to­das las escuelas, con veleidades de convertirse en bailarín o en camarero de ho­tel en El Cairo, o artista de variedades, organizan una fiesta en su casa, con ami­gos y compañeros de estudio, llevando así el «desorden» a la bien ordenada jornada de trabajo del profesor. Durante las pri­meras horas están admitidos incluso los hijitos menores, niños de cuatro o cinco años: Bibi (Beisser), el niño bueno pero furioso, y Lorina, la benjamina del viejo padre, que siente por ella una ternura ad­mirada y conmovedora, la heroína del Poe­ma de la niñita (v.) y también la verdadera protagonista de este relato breve. Una im­prevista e inconsciente pasioncilla por uno de los jóvenes invitados, alegre y brillante estudiante que la hace bailar por juego, agita su corazoncito y por la noche, en la cama, ante el padre consternado, la peque­ña llora desconsolada «¡porque Max no es su hermano!» Sólo cuando el joven, lla­mado por el criado, entra para darle las buenas noches, se tranquiliza.

Mañana, piensa el padre ya tranquilo, todo se habrá olvidado; pero el pequeño episodio es tí­pico por la morbosa sensibilidad de aque­llos niños crecidos en un ambiente anor­mal, precozmente maduros; y la novela recoge con benévolo humorismo los moda­les extravagantes de aquella juventud des­preocupada, característicos de una época absurda que recuerda perfectamente quien haya conocido la vida bávara en el pe­ríodo de inflación. Por otra parte, incluso desde el punto de vista del arte, la nove- lita ocupa un lugar relevante en la obra de Mann. El sentimiento del problematismo de la vida, que está siempre en la base de su inspiración, quizá no se ha expresado nunca con tan delicado equilibrio ni con tanta ligereza de toque como en esta re­presentación — aparentemente bonachona — de un padre que encuentra delante, en sus hijos, una realidad completamente nueva y extraña a su modo de sentir y de pen­sar, y, sin embargo, no puede hacer otra cosa que amarla tal como es — porque «así es la vida». Una gran bondad humana está en el fondo de este consentimiento poco fácil en el que estupor y aflicción se resuelven en sonrisa; en sus tonos realistas, el estilo de la narración está embebido de un lirismo sumiso y morboso, como una caricia sobre la cabeza de un enfermo.

C. Baseggio-E. Rosenfeld